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. Ahora bien, la glándula pituitaria (o hipófisis) no reconoce (porque no discierne) si el gesto o la actitud que motivó el impulso nervioso o estímulo eléctrico, es forzada o verdadera. De esta forma, fácil es imaginar que una corriente, una vez que ha circulado por un sendero, debe recorrerlo más fácilmente en las próximas veces. Quiere decir que nosotros los humanos, obtenemos las mismas respuestas fisiológicas --en este caso, la liberación de endorfinas-- ante la sonrisa y la risa forzadas que ante la sonrisa y la risa verdaderas. Relea este párrafo, por favor, porque este es el fundamento de toda nuestra propuesta, de todo nuestro método y, creemos, de la risaterapia en general. De aquí surge lo que decíamos, cuando hablábamos, en “el arte de sonreír”, de forzar la sonrisa. Y lo que le solicitamos en casi todos los finales de cada capítulo de este libro. Por esto es que cuando en la risaterapia se ayuda a la persona a autoprovocarse la risa, no es en absoluto una risa falsa o fingida, es una técnica que actúa como cualquier ejercitación física, se practica buscando un resultado, y lo más maravilloso es que ese resultado se obtiene: fisiológicamente, mentalmente, emocionalmente y espiritualmente. La risa forzada se convierte en risa estimulada. Veamos ahora si queda más claro la diferencia entre fingir y forzar. Ambas actitudes parten del esfuerzo muscular de realizar el gesto de la sonrisa, pero en la primera es un gesto del rostro “para afuera”, mostrar algo que no se “siente” en lo más mínimo. Forzando, es un gesto del rostro “para adentro”, tratar de “sentir” lo que se está mostrando. Es un ejercicio, la práctica de una técnica, que tiene tres etapas reconocibles: a) al principio, todo nos resulta muy artificial. Y efectivamente lo es. Pero, ¿cuál es el inconveniente? Esto no tiene contraindicaciones. b) en la segunda etapa --cuando persistimos en la técnica-- nos sentimos realmente... ¡ridículos!: ¿sonreír y reír sin ningún motivo verdadero que lo provoque? Por supuesto que sí, ya que puede ocurrir que si nos ponemos a esperar que algo nos haga reír verdaderamente en la vida...¡se nos pueden pasar varios meses...y hasta años! c) en una tercera etapa, con un cierto tiempo de práctica, comienza a formarse el hábito, y notamos que la sonrisa y la risa aparecen cada vez más naturalmente. Esto se debe a la naturaleza esencial de los hábitos, que permite reproducir un efecto con menor esfuerzo que al principio. ¿Recuerda cuando hablamos de hábitos al comienzo del libro? Bien, ahora nos acercamos al cierre de esos conceptos. Es necesario recuperar el hábito de sonreír y de reír. Y se logra comenzando por forzar la actitud o el gesto. ¿Y cómo se mantiene esa práctica? Con la vigilancia sobre uno mismo. Es fundamental mantenerse vigilante, observando, percibiendo si estamos sonrientes o risueños o si, por el contrario, andamos muy serios, con el ceño fruncido y con las comisuras de los labios caídas. Finalmente la magia se produce: ¡la sonrisa y la risa se instalan nuevamente en nuestra vida! Asegura William James: “No reímos porque estamos contentos, estamos contentos porque reímos”. Y una sonrisa o una risa forzada puede desencadenar pensamientos felices con la misma facilidad que una verdadera. Sabiendo esto ahora, ¿cómo no se va a poner dos broches, como en el dibujo?, para sostener su sonrisa el mayor tiempo que pueda; para, aunque sea, liberar endorfinas...
Cabe aquí remarcar lo que dijimos en el comienzo de este libro, en nuestra escuela hemos visto pasar a muchos intelectuales de distintas profesiones con sólidos conocimientos pero “hicieron agua” en el momento de reír, es decir, cuando tuvieron que vivenciar, practicar y forzar la risa. (continúa) | ||
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