del libro: "La Risa y la Salud" (El nuevo Código de la Risa)
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                           LA   CREENCIA   CREA   LA   BIOLOGIA

                              Los  pacientes   tienden  a  moverse  

                              por  la  senda  de  sus  expectativas,

                              ya  los  conduzca  ésta  hacia  arriba

                              o  hacia  abajo.

                                                                NORMAN    COUSINS

13.  Salud - enfermedad - salud

Los progresos del siglo XX en el campo de la salud, son sorprendentes. Hay enfermedades que, despues de haber aterrorizado al mundo entero durante siglos, se han convertido casi en piezas de museo: peste, cólera, lepra, tifus, tétanos, etc. El retroceso de las epidemias, las enfermedades curables como la tuberculosis o prevenibles como la poliomielitis o la viruela, la mortalidad infantil disminuída en proporciones muy altas, los progresos de la tecnomedicina, el adelanto en todo tipo de medicamentos, las grandes medidas de sanidad pública, el conocimiento médico al alcance de todo el mundo, la proliferación de distintas y eficaces terapias, son evidencias que nos llevan a una conclusión:  ¡todos  deberíamos  llegar  a  centenarios,  como  mínimo!

Y, sin embargo, aunque nuestras probabilidades de alcanzar una edad avanzada y con buena salud, son mayores que las de nuestros antepasados, hoy --como ayer-- los humanos siguen desapareciendo o perdiendo vitalidad de forma absurda por la presencia de nuevos enemigos: sida, cáncer, cigarrillo, infarto, estrés, depresión, accidentes automovilísticos, drogas, alcohol, polución ambiental, desnutrición, hipertensión, artritis, ataques cerebrovasculares, artrosis, fatiga crónica, insomnio, insuficiencia sexual, falta de espiritualidad,    pánico, etc.

           Ahora bien, analice estos nuevos enemigos enumerados y responda a esta pregunta: ¿cuántos de ellos  pueden  ser  atribuidos  exclusivamente  --o  casi--  al  descontrol  del  propio  ser  humano?

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           Sí, sí, no lo piense más. Prácticamente todos. Y en esta segunda parte intentamos  demostrárselo.

Pero antes veamos que se entiende, en la actualidad, por salud. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) no es la mera ausencia de enfermedad, sino una totalidad mucho más abarcativa: “es el bienestar físico, mental y social al que todo ser humano tiene derecho”, y añade: “implica el disfrute de la mayor forma posible de bienestar orgánico, psíquico y social sin distinción de raza, religión, creencia política o condiciones económicas”. En verdad, la salud es el estado natural del ser humano. Y como dice Deepak Chopra (30), a esto se le puede agregar el bienestar espiritual. De esta manera, la salud es un estado en que la persona siente la alegría y el entusiasmo de vivir a cada momento, una sensación de realización y una conciencia de armonía con el universo  que  la  rodea.

            De aquí se desprende que la enfermedad no es natural. Si es tan importante la ingerencia de nuestra mente para enfermarnos, también lo es para conservarnos en el estado de salud. Cuando comenzamos a crear salud, el mundo profano y enfermo que nuestra mente inventó se  transforma  en  una  realidad  superior.

Millones de “agentes extraños” (gérmenes, bacterias, microbios, virus) penetran en nuestro cuerpo físico diariamente. La multiplicación de estos microorganismos es tan rápida, la entrada en el cuerpo es tan constante, que la aislación total de nuestro organismo a estos potenciales  elementos  de  enfermedad  parece  imposible.

Pero en condiciones normales, el cuerpo físico no sufre daño por estas invasiones. Los agentes extraños viven y pasan a través de él sin producirle ningún mal, mientras éste no se halle debilitado o desarmonizado. De lo contrario, habrá algún punto débil, con defensas naturales disminuidas en su eficacia y, muy probablemente, allí  se  desarrollará  alguna  enfermedad.

A los estudiantes de medicina --comenta el doctor Omar Fareed-- no se les enseña nada sobre el sistema de autocuración que nuestro propio cuerpo tiene incorporado. Se les enseña mucho sobre la enfermedad, cómo diagnosticarla y cómo tratarla, pero no sobre la forma en que nuestro cuerpo la trata. Por supuesto se les enseña que hay un sistema inmunológico que funciona por sí mismo, y hasta  hace muy pocos años se lo estudiaba como independiente del resto del organismo. Pero sanar no es únicamente cuestión de matar  microbios o virus, sino que incluye el proceso de reconstrucción y reparación. Franz Ingelfinger aseguraba que el 85% de las enfermedades son accesibles a la acción del propio sistema de autocuración  humano.

Desde muy atrás en la historia existen abundantes investigaciones médicas (algunas con Premio Nobel incluido), que demuestran que el cerebro --sometido a las circunstancias que se manifiestan debido a los HMN (hábitos mentales negativos)-- produce cambios poderosos en la química corporal y aún prepara las condiciones para el agravamiento de la enfermedad. Pero hasta los estudios iniciados por la “obsesión” de Norman Cousins, no había pruebas comparables que demostraran que las EP también  pudieran  afectar  a  los  estados  biológicos.

Ya es muy grande la certeza de que las emociones, sentimientos  y actitudes positivas no son solamente “estados de ánimo”, sino --como bien dice Cousins-- realidades bioquímicas,  que ayudan a prevenir y hasta   a  revertir  las  enfermedades.
(continúa)

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