del  libro: "La Risa y la Salud" (El nuevo Código de la Risa)
       
 6.  Optimismo  y  entusiasmo 

           ¿Alguna vez se preguntó por qué hay personas que evolucionan ante los problemas? ¿Por qué algunos enfermos recuperan sus fuerzas y hasta su salud y otros con antecedentes similares nunca se recobran? ¿El optimista nace o se “hace”? Por supuesto que hay quienes nacen optimistas, pero sin dudas, desde que nacemos, las necesidades de aprender y corregir son incesantes y podemos --y debemos-- aprender a ser optimistas. Es una decisión que no todos ponderan genuinamente.

Un elemento fundamental que hace del optimismo algo subjetivo es que involucra el modo en que se interpreta la realidad. Para el optimista la vida es básicamente un desafío. Evalúa, y frente a lo dado, opera positiva  y  creativamente.

¿Hoy tenemos un día parcialmente nublado o parcialmente soleado?, ¿el 50 % de los matrimonios acaban separándose o el 50 % se mantiene estable?, ¿las rosas tienen espinas o las espinas tienen rosas?, ¿el vaso de agua está medio lleno, medio vacío o tiene el doble de tamaño del que debería tener? ¿Usted que opina? ¿Cómo evalúa? El optimismo es un modo de entender la propia experiencia, y ser optimista, por lo tanto, es un modo mental de entender y verse en el contexto. El optimista no desestima las dificultades sino que las asume y las enfrenta con lucidez, con creatividad, jugando con las posibilidades. Cuenta con una actitud muy afortunada que resulta ser muy eficaz en los momentos en que las circunstancias parecen dificultarse: siente una tendencia a buscar nuevas experiencias, insistir, empezar de nuevo, asumir la vida.
         
Según Goleman y Seligman, optimismo se define como convencimiento del individuo que tiene a su disposición su voluntad e instrumentos para enfrentarse con desafíos  esenciales para supervisar  los objetivos de su vida.  Ambos  investigadores  están  convencidos que el optimismo se adquiere por medio de experiencias exitosas de nuestros problemas. Éxitos de este tipo exigen habilidades particulares e interpersonales: a) capacidad de entender el entorno físico y emocional; b) capacidad de traducir emisiones del entorno al idioma del problema a resolver; c) capacidad de actuar con eficiencia y creatividad en la solución del problema.

Sin duda el optimista tiende a evaluar más los aspectos negativos de las cosas que los pesimistas evaluar lo positivo. Es el que al ver la realidad trata de crear su propio mundo, para darle sentido a su existencia.

J Como esos dos presos de alta peligrosidad que son trasladados hasta la prisión en la que deberán cumplir sus sentencias. Una vez adentro comprueban que les ha tocado  la misma celda. Como no se conocen entablan conversación con cierta cautela:
                -- ¿Cuántos años te dieron?
                -- Ciento treinta ¿y a tí?
                -- Noventa y cinco, así que ¡déjame la cama más cercana a la puerta, que yo salgo primero!

Los diccionarios suelen definir al optimismo como la propensión a ver y juzgar las cosas desde el aspecto más favorable. Viene de “óptimo”: sumamente bueno, no puede ser mejor. Se exterioriza con el entusiasmo. Y agregan  que  el  optimismo  otorga  tranquilidad,  seguridad  y  confianza.

Para buscar el origen de este superlativo se remonta a los pueblos indoeuropeos, tribus nómadas prehistóricas que entre 1.500 y 2.000 años antes de Cristo partieron del Asia Menor hacia Europa y el Indostaní; ellos usaban el vocablo op, con el significado de producir mucho, en abundancia, más de lo habitual. Y por si esta abundancia no fuera suficiente, podían añadir a op el sufijo -tamo, dando lugar a op-tamo (el que produce más). Como algunos de esos pueblos se fueron a instalar a la Península Itálica, op-tamo se acabó incorporado al latín bajo la forma optimus (lo mejor).

           Fue expuesto como una doctrina filosófica por parte de Gottfried Wilhem Leibniz (1646-1716), filósofo, matemático y estadista alemán, considerado como uno de los mayores intelectuales del siglo XVII, en la cual se afirma que el optimismo no ve en el mundo moral  o físico más que un elemento del orden universal y si se considera el  conjunto del planeta, cada parte está bien en relación al todo. En nuestros cursos desarrollamos “estrategias del optimismo”, pues para nosotros el optimismo es una actitud mental susceptible de “trabajarse” para ser incorporada en nuestros esquemas de vida.
 

          El optimismo (y también la alegría) se relaciona íntimamente --pues lo provoca-- con el entusiasmo. ¿Y que es el entusiasmo?, es aquello que induce a  la acción,  ya que proporciona un motivo. El  motivo es un “impulso interior” que incita a actuar, una especie de fuerza: el motor de la vida que pone en marcha una acción en un intento de producir resultados concretos. Es el motor sin el cual no se puede hacer nada en la vida. Absolutamente nada. Ni la acción más pequeña podría llevarse a cabo sin un mínimo de entusiasmo que nos empuje. Todos sus pensamientos, todas sus palabras y todos los actos en los que usted participa voluntariamente obedecen a un motivo determinado o a una determinada combinación de motivos. Nadie hace nada jamás sin tener un motivo.

¿Y cuál es el motivo del entusiasmo? (piense). Un logro. Cualquier logro que uno obtenga en su vida cotidiana, desde algo pequeño y simple hasta algo de mucha envergadura en las relaciones, las profesiones, los negocios, el automejoramiento. Escribe Alejandro Rozitchner que en lugar de una moral del “sacrificio” es necesario una moral del entusiasmo, ¿qué emociones positivas puede originar una persona sacrificada? ¿siempre esforzada?, solo someterse o dejarse de lado a sí misma: “neumáticos desinflados”. Observe que la palabra “entusiasmo” deriva de endeus (en dios): tener a Dios adentro. Sin duda, una persona entusiasta actúa como si efectiva y realmente tuviera a Dios adentro. A una persona entusiasta, por lo tanto, no hay cómo pararla, consigue  casi  todo lo que se propone.

El punto es ¿cómo obtener entusiasmo cuando aparece el desánimo, cuando las cosas no salen o salen mal? La respuesta se sustenta en el mismo fundamento que proponemos para la sonrisa, la risa y la alegría. Lo verá más claro cuando avance en la lectura de este libro.

Bueno, hemos terminado de explicar algunas emociones. Así que a celebrarlo con una sonrisa. Vamos,  empiece  a  sonreír.  Aunque  no  tenga  ganas.

Esto que le pedimos tiene un buen fundamento. ¿Cómo? ¿Que le parece demasiado apresurada la propuesta  porque  todavía  no  conoce  dicho  fundamento?   

Está bien, hágalo aunque sea para ejercitar sus músculos faciales, los que intervienen en la sonrisa. Por ahora, por puro entrenamiento físico.

Sonría,  por  favor,  sonría.

Gracias. (continúa)

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