del  libro: "La Risa y la Salud" (El nuevo Código de la Risa)
      
           
Nuestro  amoroso  destino

Ahora si, nos adentramos en el “amor”. Tal vez uno de los temas sobre lo que más (y más bellamente) se ha escrito desde lejanos tiempos en la humanidad es sobre el Amor. Por lo tanto no vamos aquí a sobreabundar con más y parecidos conceptos, sólo hemos querido que no faltaran en nuestro libro algunos criterios, dentro de  la  línea  que  nos  movemos.

Dijimos al hablar de la Alegría que ésta y el Amor son las EP que contienen una energía que le es propia que más se irradia. Vivimos en el planeta Tierra que, se asegura, dentro de la organización del Universo, es el planeta del chakra del Corazón (o cardíaco), es decir que encarnamos aquí para aprender a amar, y en condiciones no del todo favorables, que nos indican que los problemas que enfrentamos son verdaderas oportunidades para brindar amor. Esto hace que la tarea de “extender amor” sea más valedera. También se dice que esta nueva Era de Acuario es la de la Amistad Universal, y una amistad se cimenta y se sostiene a través del Amor, o sea que entramos en una era que nos va a ayudar con la  tarea.

              ¿Por qué ocurre que todo lo que odiamos, nos molesta o rechazamos, parece ser que es lo que más se “nos pega”? Por lo que hemos dicho más arriba, para aprender a amar. Por eso la vida nos pone frente a situaciones y personas difíciles que nos dan la oportunidad de mostrar lo mejor de nosotros mismos. Hasta que no aprendemos a amar, o al menos a perdonar, la situación o la persona “molesta” no desaparecen de  nuestra  vida.

Y dicen que a veces este proceso toma varias vidas, pues se vuelven a encontrar las mismas almas bastante a menudo, ya sea por causa de actividades en común, por amistad, pero sobre todo por lazos de amor y de odio. Así  parece ser que estaríamos en presencia de nuestros enemigos, cara a cara, hasta que aprendamos la lección.  Muchas veces nuestro enemigo reencarnaría en forma de un hijo para que, finalmente, accedamos a amarlo. El mismo mecanismo sirve también para el amor: las almas que se han amado mucho se volverán a encontrar para hacer que perdure una unión que la muerte no puede llegar a cortar: “lo que Dios ha unido no podrá el hombre (con su desencarnación)  separar”.
 

            Por lo tanto, maldecir, quejarse, protestar o criticar no hacen sino aumentar el lazo que nos une a aquello que rechazamos. Sólo el amor sana, disuelve, restaura. Una vez más debemos contar una anécdota de nuestro hijo, que prueba lo que se dice de todos los niños: en una temprana edad persisten recuerdos y se establecen contactos que de adultos no son tan fáciles de lograr. Estaba acostado con nosotros en la “cama grande” como le gusta a los niños hacer, y de pronto nos dijo muy naturalmente: “Ayer vino Jesús, todo vestido de azul, y me dijo que les dijera a ustedes que el amor cura”. Efectivamente, el amor cura lo emocional, cura lo psíquico y cura hasta lo físico. Recuerde como curaba esa mujer que fue la Madre Teresa de Calcuta: con ¡amor y sonrisa! Y cuentan que les decía a sus misioneras que cada vez que rescataban a alguien de la calle, lo primero que debía ver esa persona era un ¡rostro sonriente! Y cuando asistían a alguien que desencarnaba, lo último que esa persona debía ver era ¡un rostro  sonriente!

Aseguran casi todas las religiones y líneas de conocimiento esotérico que las almas pueden “ganarse” la posibilidad de ascender o evolucionar o transitar por los llamados “planos”, solamente a través del Amor. Es la única salvación. El único refugio. Con la vibración del amor y la asistencia o ayuda de seres espirituales, cualquier alma tiene abiertos los caminos de lo que Jesucristo determinó como “muchas moradas en el Reino de mi Padre”. Por ejemplo, alguien más elevado de una pareja que mucho se amó en vida puede encontrar y auxiliar a su amante. Al respecto es muy ilustrativa la película “Más allá de los sueños”, interpretada, una vez más, por el actor Robin  Williams  (película  que  ganó un  Oscar  por  la  puesta  en  escena  realizada  por  el  argentino  Eugenio Zanetti).  

El ser humano que más adelantado haya estado en el camino espiritual del Servicio y del Amor durante su vida física será el más activo en los planos espirituales para continuar asistiendo y ayudando a otras almas. Se dice que para llegar a subplanos más  elevados,  sin  recibir  daño  alguno,  se  debe “amar  sin  esperar  recompensa”.

            En otra oportunidad, nuestro hijo nos hizo unas preguntas que se las trasladamos a usted: ¿qué hay adentro del corazón de las personas? (piense). Nosotros le contestamos sobre algunos detalles físicos, y nos dijo que allí adentro está Dios. Luego continuó: ¿y adentro del corazón de Jesús? (piense), también está Dios, nos dijo; ¿y adentro del corazón de Dios? (piense): Amor. Dijo San Agustín:Si quieres conocer a una persona, no  le  preguntes  lo  que  piensa  sino  lo  que  ama”.
 

            Aconseja Horacio M. Valsecia (140), el siguiente ejercicio: “cuando estés con alguien que te cuente todos sus problemas y lo veas muy afligido, mientras le escuchas, repite mentalmente: El amor es todo lo que existe. La persona perderá interés en todo su drama y hasta quizás diga: ¿qué estaba diciendo?”. De igual manera funciona el mecanismo para con uno mismo: “frente a cualquier situación que te asuste, cualquier problema sin resolver, incluyendo los económicos, familiares o de salud, repite muchas veces: el amor es  todo  lo  que  existe,  hasta  que  tu vibración  cambie,  es  decir  tu  pesar  desaparezca”.
 

          Hay una anécdota al respecto, referida a alguien que veía a su Guía Espiritual o Ángel de la Guarda, es el caso de la italiana Gemma Galgani (1878-1903), único, según Pierre Jovanovic, en los anales de la angelología moderna, en el que un protegido escupe sobre su Ángel para probar si era “el diablo disfrazado de ser de luz”, o por lo menos, como se sabe ahora, un “falso guía”. El relato es el siguiente: “Un día cuando su Ángel de la Guarda se presentó, Gemma le escupió a la cara, intentando despedirle. Pero el Ángel no se movió, y en el lugar donde Gemma escupió, a los pies del Ángel, brotó una rosa  blanca;  y  en  los  pétalos,  en  letras  de  oro,  se  leía:  Del  Amor  se  acepta  todo”.
 

         En clara concordancia con algunos de los principales aspectos que hemos considerado en este libro, Torkom Saraydarian alude a la llamada Tríada Espiritual, compuesta de los siguientes aspectos: voluntad, amor, y alegría, y que, según nuestra interpretación, operan de la  siguiente  manera (117):

1) cuando todavía estamos aferrados a la “consciencia de la personalidad”, regida por el Ego, y estimulada por nuestros deseos y necesidades (lo que queremos tener y no tenemos o lo que teníamos y perdimos), debemos comenzar a erradicar los HMN a través de una gran fuerza  de  voluntad  orientada  hacia  el  Conocimiento;

2) esto nos permitirá ligarnos más con un plano emocional: incluimos en nuestra vida las EP, de las cuales la más poderosa es la energía del Amor, y nos nucleamos alrededor  del  corazón  y  del  timo;

3) así nos vamos introduciendo en un plano más mental, donde hay más estabilidad, y lo vamos logrando al estimular, con la energía de la Alegría, las glándulas pituitaria y pineal. De esta manera, empezamos a ser conscientes del Alma: la verdadera alegría consiste en que nos damos cuenta que ya no somos vulnerables, no hay nada que perder, todo  existe  para   ganar.

            Los tres aspectos forman los tres lados de un triángulo (Tríada Espiritual), en cuyo interior, según este  autor, se halla el  Gozo.
 

           Estos conceptos nos dan pié para establecer la relación del Amor con la risa, y para ello volvemos al bíblico profeta Daniel, en la interpretación de Hans-Gerard Grunenbaum. Dice bellamente este autor:

           “Lo que demuestra Daniel, al exhibir su humor, es que no existe verdadero amor si él no abre la risueña posibilidad de la risa. De tal modo, reír de algo o de alguien con mucho cariño puede constituir la demostración máxima de confianza y aprecio en la persona o el objeto. Por eso la figura de este profeta se revela como única y adorable: él  ama  a  Dios  a  través  de  la  risa:  forma  suprema  del  amor”.
 

                                          Una vez más vamos a referirnos a esos determinados momentos que los seres humanos sentimos la necesidad, como ya dijimos en el comienzo de este libro, de escribir algo, cuyo resultado se denomina psicografía  o  “escritura  automática”.

Cuando se ejercita la llamada  percepción extrasensorial, la conexión se puede practicar a través de un ejercicio --al que todas las personas pueden acceder--, que consiste  en  prepararse,  solicitando asistencia de nuestro  Guía Espiritual,  para  recibir  información telepática de una entidad comunicante, y copiarla, a través de la escritura manual. Si la asistencia ha sido correcta, esas entidades comunicantes suelen ser, en su gran mayoría, seres humanos desencarnados ya iluminados o elevados (es decir que no permanecen en   los bajos planos astrales), y si se dan a conocer, pueden ser desde personalidades que fueron muy  famosas hasta ilustres desconocidos.

Si hacemos este comentario es porque una repetida sugerencia de estos seres es: “¡paciencia y amor!”. Tal  parece  que  los  humanos  “encarnados” adolecemos  de  estas  dos  importantes  EP.

De la misma manera suele ocurrir con un deseo imperioso de dibujar y pintar, en este último caso eso se llama psicopictografía, y lo que ocurre es que se recibe o se canaliza información de otros planos (a veces de pintores muy famosos como ocurre con el brasilero Gaspareto). Esto es muy común en los niños cuando se ponen, absolutamente concentrados, a dibujar y pintar, y lo hacen muy decididos y hasta con urgencia, y muchas veces realizan dibujos hermosos, para el sano orgullo de sus padres. Pues bien, uno de esos dibujos, en este caso con algunas frases escritas, realizó nuestro hijo Valentín a los ocho años de edad.

               

Dibujo realizado por nuestro hijo Valentín a los ocho años de edad. En el dibujo figuran ángeles con flechitas (¿cupidos?); la palabra Amor está dentro de una gran sonrisa y los corazones en los extremos son las comisuras de la boca ( ya en esa época existía el diseño de nuestro logo, que consiste en una boca sonriendo --como muchos dibujos de la risa en el mundo--), se acompaña de una estrella junto a los  angelitos , y   florcitas,  como  dientes,  en  la  boca.

Las frases, indudablemente dictadas y referidas al tema que nos ocupa, dicen: “El Amor es como una Gran Puerta que destruye todo el mal. Como  una Gran Luz que abre las Puertas del Universo, donde  todos  evolucionamos. Amor:  el  Destino  de  la  Vida”. (continúa)

El siguiente dibujo es una interpretación de la Abundancia de nuestro hijo Valentín,  realizado  a  los  ocho  años  y  medio  de  edad.

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