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La risa y la alegría, ¿curan?

Los Payamédicos y las terapias de la risa.

La risa, la fantasía y el humor ayudan a sobrellevar enfermedades, relajan, generan sensaciones placenteras y alivian los dolores. Los Payamédicos y la Escuela de “La Risa y la Salud” marcan este camino.

Cuando pasamos por momentos complicados en nuestra vida, cuando afrontamos alguna enfermedad o cuando las preocupaciones y el estrés no nos dejan disfrutar, nos olvidamos de reír, de lo que significa la alegría y no podemos conectarnos con nosotros mismos. Para la salud, la risa, el buen humor y los pensamientos positivos son tan importantes como cualquier tratamiento médico. Muchas disciplinas generan alternativas basadas en ellas para complementar las que ya conocemos.

Los Payamédicos ayudan a aliviar el estrés de la internación hospitalaria generando catarsis a través del humor y la fantasía. La Escuela de “La Risa y la Salud” enseña a recuperar la sonrisa y la carcajada para vivir mejor. Te los presentamos. 

Luca Bruno es médico, artista y formador de payamédicos. Desde el 2003, Payamédicos trabaja usando el imaginario del clown con pacientes de hospitales, y ya suman más de 900 alrededor del país. Una vez por semana, de 4 a 5 horas, visitan a personas con todo tipo de enfermedades o en terapia intensiva y de distintas edades para acompañarlas de una forma no convencional.

Bruno aclara que la imaginación y la fantasía son la clave: “Nosotros no hacemos números de actuaciones, sino que construimos en la improvisación caso por caso, en la subjetividad de cada paciente.” Todo lo que tiene que ver con el mundo real queda fuera, a menos que el paciente lo habilite. “Por ejemplo, si el paciente no nos dice que es su cumpleaños no lo festejamos, porque no sabemos si por alguna razón le pueden llegar imaginarios negativos relacionados con esa fecha”.

El encuadre de los payamédicos es el de la fantasía y los médicos del hospital serán los encargados de revisar, hacer estudios, etc. Esto no significa que el paciente reciba una u otra cosa, sino que médicos y payamédicos trabajan en conjunto. La misma dupla de payamédicos realiza un seguimiento del paciente hasta que se le da el alta o lo trasladan.

Lo más importante es que el paciente deje de esperar, de recibir, de soportar y que desde el ámbito fantástico pueda producir y hacerse cargo de sus propias creaciones. “Cuando el ser crea, vive y tiene salud; en cambio cuando simplemente soporta, está lleno de necesidades”. Para Bruno, la medicina trata de generar salud desde la enfermedad, en cambio ellos trabajan con la parte sana del paciente: sus deseos, sus ganas y su capacidad de producir. “Generamos salud desde la salud. La payasada es salud mental”, afirma.

“El paciente no va a curarse o a dejar de estar internado. El tema es cómo atraviesa ese tiempo, esa enfermedad. También pasan cosas impensadas, como por ejemplo pacientes de terapia intensiva que después de tres meses de trabajo con intervenciones a través de la música, del discurso, etc., cuando despertaban recordaban algún personaje de los cuentos que les relatábamos”, cuenta Bruno.

También aclara que ellos no tienen como intención u objetivo hacer reír. “La risa o la carcajada pueden aparecer o no. Nosotros sólo nos ponemos al encuentro, porque a las distancias, las intensidades y los ritmos los marca el paciente. Nunca hacemos nada por imposición”.

Payamédicos ayuda a los que padecen algún dolor o atraviesan una enfermedad. Sin embargo, “en todos los planos de nuestra vida hay necesidades, pero cuando todo es pura rutina y no le damos espacio al deseo como pasión, a lo espontáneo y a nuestra subjetividad, también estamos enfermos. La enfermedad es una necesidad más generada por la sociedad”, concluye Bruno. Crear nuestros propios mundos, salir del eje y prestar atención a nuestro deseo es lo más importante para una vida saludable.

¡Reírnos más!

Desde otra óptica, Rubén Delauro y Mirtha Manno, actores, fonoaudiólogos y directores de la Escuela de “La Risa y la Salud”, enseñan a reír y a afrontar los problemas con una mirada positiva. Delauro y Manno aclaran que no enseñan lo que cualquier ser humano ya sabe, es decir reír, sino a recuperar lo que tal vez se perdió por alguna vicisitud de la vida.

En estas clases (de dos horas por semana) se combinan temas teóricos con la práctica como movilización corporal, baile guiado, ejercicios con la sonrisa y técnicas para “sacar” lo más naturalmente posible la risa y la carcajada. “También desarrollamos lo que llamamos Secuencia de la Salud: seis ejercicios concatenados que permiten a nuestros alumnos autoarmonizarse psicofísicamente (recuperar la energía mental y física) en poco tiempo”, explica Delauro. 

El método que utilizan se llama Risa Holística, porque la risa no debe estar aislada, necesita apuntalarse no solo desde lo físico, sino también desde lo mental, lo emocional, lo energético y lo espiritual. “Nuestro objetivo no es reemplazar otras terapias sino complementarlas. Cualquier persona puede asistir a las clases, no sólo aquellos que padecen enfermedades, sino también personas que se dejan dominar por el desánimo, el abatimiento y sus hábitos mentales negativos”, concluyen. 

¿La risa puede curar?

Al reírnos se producen en nuestro cuerpo respuestas fisiológicas muy beneficiosas, que también influyen sobre lo mental-emocional. La risa provoca la liberación de unos neurotransmisores llamados endorfinas que mantienen la elasticidad de las venas y arterias y estimulan el centro del cerebro (hipotálamo), sede de las emociones. Además, reduce el  cortisol, que  deprime  todo nuestro sistema inmunológico y que se libera sobre todo por estrés, y aumenta la inmunoglobulina A salival y los interferones en sangre, dos elementos claves para la defensa inmunológica.

Delauro y Manno afirman que la risa puede ayudar a revertir ciertas patologías mientras se sostengan la actitud y la acción de reír con algunos complementos, como corregir nuestro lenguaje cotidiano negativo, llevar una alimentación adecuada y cambiar hábitos y conductas de vida. “Asumiendo una actitud de sonrisa, de risa y de buen humor se aleja la preocupación, que es la madre de casi todas nuestras enfermedades, tanto físicas como mentales”, asegura Delauro.

Por supuesto que los resultados de una carcajada genuina (como cuando nos tentamos y lloramos de risa) no tienen comparación. Pero la propuesta de Delauro y Manno de forzar la risa no es algo demasiado alejado en resultados. “Mientras se produzcan los estímulos o impulsos y lleguen hasta la hipófisis, esta responderá como está preparada para responder. La glándula no reconoce si el gesto o la actitud que motivó el impulso nervioso es forzado o verdadero”, explican. Por eso, autoprovocarse la risa es una técnica que actúa como cualquier ejercitación física que se practica buscando un resultado. “La  risa  forzada  se  convierte  en  risa estimulada”, afirman.

Cualquiera puede argumentar que riendo no soluciona sus problemas, pero sí alivia las tensiones que tienden a perpetuarlos. Según Delauro, la risa nos aleja de una situación dramática y con esa actitud somos capaces de encontrar más de una posible solución positiva. La risa puede restaurar el equilibrio que la crisis afectó. Y agrega que “por supuesto existen situaciones en las que se vuelve casi necesario vivenciar emociones negativas, pero lo que no debemos hacer es convertir en un hábito esos estados de ánimo, perpetuándolos en el tiempo”.

Es un círculo difícil de desentrañar: ¿nos enfermamos porque perdimos la risa y las actitudes que ello lleva aparejadas o por estar enfermos terminamos perdiendo la risa? La regla es que se vive mejor y nos enfermamos menos manteniendo una actitud alegre y riendo más seguido.


Algunos datos más

Principalmente, la dificultad para disfrutar la alegría radica en el ser humano individual más que en el contexto social.

Cuando entramos en la “etapa adulta”, lo primero que comenzamos a perder es la capacidad de asombro y eso trae aparejada una gran disminución de la risa. 

Creemos que la risa contagia por un mecanismo de memoria ancestral y de sensaciones. En realidad, sabemos que al reírnos nos sentimos muy bien, por lo tanto si alguien está riendo lo seguimos y nos acoplamos inconscientemente.

Los hombres y mujeres somos distintos en la apreciación del humor y en lo que nos provoca risa. Por ejemplo, el 93% de las mujeres responden con una risa a otra risa, y los hombres sólo en el 67% de las ocasiones. Es más probable que las mujeres se rían instantáneamente por la risa de otros, así como por cosquillas. Mientras que es más factible que los hombres se rían instantáneamente gracias a un comediante o un chiste.

Delauro y Manno sostienen que es necesario aprender a llevar la risa a todas las facetas de nuestra vida, principalmente a la noche al acostarnos y a la mañana al despertarnos. “No necesitamos de un motivo real para reír. Hasta podemos estar viviendo un serio problema y seguir riendo”. 

Y por último proponen un pequeño ejercicio: mientras terminamos de leer esta nota (o al releerla) sonriamos y si podemos soltemos una carcajada como nos salga. Forcemos la sonrisa y la risa; y después advirtamos cómo nos sentimos.

Como dijo el filósofo René Descartes: “Con  frecuencia  es preferible  una alegría  forzada que  una  tristeza  real”.

Asesoró en esta nota: Luca Bruno. Director de grupo clown de teatro, formador de payamédicos y Médico especializado en salud mental. M.N 133.838. info@payamedicos.org.
Rubén Delauro y Mirtha Manno. Directores y profesores de la Escuela Internacional “La Risa y la Salud”. 
Fonoaudiólogos.
www.risaysalud.com