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del  libro: "La Risa y la Salud" (El nuevo Código de la Risa)
          
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    "Es  el  respeto  del  médico  por  el  alma  humana  lo  que  determina  el  valor  de  su  ciencia"

                             (En  nuestro  libro  está  muy  detallado  este  “caso”)

Norman  Cousins:  la  primera  terapia  con  la  risa 

La vida del hombre que mucho se cita en este libro, estuvo signada por la misión que tenía de conocer --a través de duras experiencias personales-- lo que después terminaría siendo su mayor aporte a la medicina tradicional, a la medicina holística o integral y a la PNI en  particular: el poder de regeneración que tiene nuestro propio organismo, sustentado por él mismo de manera científica y filosófica hasta tal punto que creemos debería reconocérsele como uno de los tantos benefactores de nuestra condición humana. Y la ciencia médica deberá aceptar  que  tiene  que  estarle  eternamente  agradecida.

Norman Cousins nació el 24 de junio de l915 en Estados Unidos, y pueden relatarse cuatro episodios  claves  en  su  vida  y  en  su  salud.

 

               (Aquí  solo  referiremos  el  cierre  de  este  ejemplo  de  vida)

¿El  final  o  un  comienzo?

En 1984, la “obsesión” de Cousins de que la facultad de medicina de la UCLA pudiera instituir un programa o departamento dedicado a estudiar la relación mente-cuerpo tuvo su materialización. La señora Joan B. Kroc, viuda del señor Ray A. Kroc, fundador y propietario de la cadena de restaurantes de comida rápida “Mc Donald’s”, citó a Cousins para financiar la idea y se formó el Grupo de Trabajo con eminentes médicos pertenecientes a varias especialidades que terminó con la creación de la  cátedra  de  PNI.

¿Podemos dar un cierre a esta historia de vida? Vamos a intentarlo de la siguiente manera. Norman Cousins siguió investigando y escribiendo artículos y libros científicos. Recibió el único título honorario en medicina a alguien no médico, concedido por la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. Para ese entonces ya era autor de una docena de libros y de 31 años de editoriales sobre la carrera armamentista (firme defensor del desarme), y la contaminación ambiental; vicepresidente del “Comité para una Política Nuclear Razonable”; un gran narrador y hacedor de chistes (sobre todo durante el Día de los Inocentes); un alegre bromista que alguna vez se autodefinió como un hombre que le gustaba “haraganear” y amante de  los  deportes.

Obtuvo los primeros resultados estadísticos, junto al psiquiatra Fawzy I. Fawzy,  hechos sobre estudios con dos grupos de pacientes con melanomas malignos: el grupo de control, que no recibieron más que el tratamiento médico, quirúrgico y quimioterápico, y el grupo de investigación que recibieron, además, educación específica sobre la manera de enfrentarse anímicamente con una enfermedad grave. Los pacientes que se liberaron de la depresión y la desesperación, que desarrollaron una férrea voluntad de vivir, y participaron activamente con sus médicos en el programa de recuperación, mostraron un significativo incremento en el número de células inmunocompetentes que combaten el cáncer  (células leu-siete, interleuquinas-2, linfocitos  K,  interferones).

Pero lo más importante de la filosofía de vida de Cousins fue su comprensiva y personal relación con los pacientes, sostenida hasta los últimos años de su vida. Así lo  expresaba:

“Como muchos de los pacientes a quienes me piden que vea padecen enfermedades avanzadas y de alto riesgo, el resultado es que me veo enfrentado con derrotas recurrentes. Si no fuera por algunos casos que salen adelante a pesar de las abrumadoras desventajas, dudo que me fuera posible pasar al paciente que sigue... e intentar demostrarle que tiene en sí mismo una medida de control mayor de lo que supone... si uno quiere que   lo que dice le suene creíble al próximo paciente, su propio sistema de creencias y confianza tiene que recuperarse  de  la  pérdida  más  reciente”.

Finalmente, el corazón de Norman Cousins le ganó la batalla con un ataque repentino. Falleció en noviembre de 1990 a los 75 años de edad. Seguramente ya se habrá encontrado con Albert Schweitzer y con Johan Sebastian Bach. Tal vez, juntos, estén inspirando a nuevos  músicos  o  a  nuevos   investigadores  de  la   medicina   humanística.
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ver: www.cousinspni.org

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