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Final

Medicina Natural

                                            

El  gran  desafío  en  el  siglo  XXI  al  alcance  de  todos 

** Extractado de nuestro libro "La Risa y la Salud" 

Evolución  de  la  Medicina
Año 500 a.C
: La premisa era: "Come  esta  raíz  que  sanarás"
Año 1000: "Esa raíz es cosa de ateos, reza esta oración a Dios que está en el Cielo y sanarás".
Año 1795: "Dios no interviene, la que rige es la razón. Bebe esta pócima que es medicina y sanarás".
Año 1917: "Esa pócima es para engañar a la gente y no es científico, te sugiero tomar esta píldora y sanarás".
Año 1960: "Esa píldora no tiene la droga necesaria, ingiere este antibiótico y sanarás".
Año 2013: "Los antibióticos tienen contraindicaciones, responden a intereses y deprimen. 
                     Hay que apelar a la nueva medicina:
"Come  esta  raíz  que  sanarás" 

Los progresos del siglo XX en el campo de la salud, son sorprendentes: los progresos de la tecnomedicina y la electromedicina, el adelanto en todo tipo de medicamentos, las grandes medidas de sanidad pública, el conocimiento médico al alcance de todo el mundo, la proliferación de distintas y eficaces terapias, son evidencias que nos llevan a una conclusión: ¡ todos deberíamos llegar a centenarios, como mínimo, y en buen estado de salud ! 

Y, aunque nuestras probabilidades de alcanzar una edad avanzada y con buena salud, son mayores que las de nuestros antepasados, hoy --como ayer-- los humanos siguen desapareciendo o perdiendo vitalidad de forma absurda por la presencia de nuevos enemigos: sida, cáncer, cigarrillo, infarto, accidentes automovilísticos, drogas, alcohol, polución ambiental, falta de nutrición adecuada, hipertensión, artritis, ataques cerebrovasculares, artrosis, fatiga crónica, insomnio, insuficiencia sexual, falta de espiritualidad, etc., y a eso le sumamos nuestros HMN (hábitos mentales negativos, que enseñamos a comprenderlos en nuestra Escuela) como depresión, estrés, preocupación, mal humor etc., etc., etc. 

Ahora bien, analice estos nuevos enemigos enumerados y responda a esta pregunta: ¿cuántos de ellos pueden ser atribuidos exclusivamente --o casi-- al descontrol del propio ser humano?

Sí, sí, no lo piense más. Prácticamente todos. 

La salud es un estado en que la persona siente la alegría y el entusiasmo de vivir a cada momento, una sensación de realización y una conciencia de armonía con el universo que la rodea. 

De aquí se desprende que la enfermedad no es natural. Si es tan importante la ingerencia de nuestra mente para enfermarnos, también lo es para conservarnos en el estado de salud. De allí el gran aforismo de Norman Cousins. "La creencia crea la biología", tal vez uno de los más importantes de la historia reciente de la medicina. 

Millones de "agentes extraños" (gérmenes, bacterias, microbios, virus) penetran en nuestro cuerpo físico diariamente. Pero en condiciones normales, el cuerpo físico no sufre daño por estas invasiones.
A los estudiantes de medicina --comenta el doctor Omar Fareed-- no se les enseña nada sobre el sistema de autocuración que nuestro propio cuerpo tiene incorporado. Se les enseña mucho sobre la enfermedad, cómo diagnosticarla y --a veces-- cómo tratarla, pero no sobre la forma en que nuestro cuerpo la trata. 

Ya es muy grande la certeza de que las emociones, sentimientos y actitudes positivas no son solamente "estados de ánimo", sino --como bien dice Cousins-- realidades bioquímicas, que ayudan a prevenir y hasta a revertir las enfermedades. 

 

Los  Médicos  y  sus  tratamientos 

Los médicos están entrenados para pensar de forma científica. 

Las historias de curaciones misteriosas han existido desde que empezó la medicina. Al ocuparse de esos "casos raros" los médicos sólo han podido rotularlos como "efecto placebo", "remisión espontánea", "enfermedad psicogénica" y hasta "error de diagnóstico", y luego seguir el camino que les enseñaron a recorrer. 

Hace más de dos mil años Séneca observaba que "el deseo de curarse es parte de la cura". Esto se advierte claramente cuando un paciente, después de un largo camino de médicos, especialistas, pruebas y análisis, recibe casi descarnadamente un diagnóstico de enfermedad grave. ¿Por qué desde el momento en que aparece el "rótulo" a sus síntomas disminuye la capacidad de defensa y lucha? No menos sorprendente es que otros pacientes tienen una reacción opuesta: una tenaz determinación a superar la circunstancia. Aconseja Cousins: "no niegues el diagnóstico, lucha contra el veredicto o pronóstico del médico que se asocia con el diagnóstico". ¿Es coincidencia que la gran mayoría de estos pacientes sobrevivan largo tiempo a la fecha dada como "terminal", y otros hasta reviertan su enfermedad? O bien, las conocidas "sentencias" (ya son más que pronósticos): "su patología es incurable, solo podremos mantenerla"; "a esta medicación la tendrá que tomar de por vida, ni se le ocurra dejarla". 

En cuanto a la relación médico-paciente, el médico debe comprender y tolerar que el enfermo pueda culparlo cuando el tratamiento falla. Con demasiada frecuencia ocurre al revés, los médicos "culpan" a los pacientes; por ejemplo, una observación que se hace a menudo es: "El paciente falló en quimioterapia". A veces las personas necesitan de un médico que asuma su fracaso. 

 

Y que decir cuando --en la enorme mayoría de los casos-- los médicos se manejan sencilla y lamentablemente por los "protocolos" ya establecidos por vaya a saber qué cerebros (o lo que es peor vaya a saber por cuales intereses económicos de las poderosas farmacéuticas) para prescribir el tratamiento y su consiguiente medicación: ante tales síntomas, tal patología y ante tal patología corresponde sí o sí, tales drogas, sin importar para nada las consecuencias nefastas que puedan tener dichas drogas, y menos aún sin ponerse a estudiar concienzudamente otras posibles variables del caso. La respuesta que dan no satisface demasiado: "hay que optar por el mal menor", ¿y cual será éste? 

La participación activa del paciente sobre su propia enfermedad --como apoyaba Galeno, médico del siglo II-- debe ser profundamente considerada por los médicos. Estos piensan, generalmente, que sus conocimientos adquiridos durante la carrera y en la práctica médica, hacen superfluos los detalles que le pueda señalar un paciente o cualquier otra persona sin formación médica. Y la gente --profesionales o no-- cada vez más adquieren libros de amplia circulación sobre temas de autoayuda relacionados con aspectos de la medicina, y se desilusionan al descubrir que sus doctores no están tan bien informados ni tan excitados sobre estos conocimientos, sobre su desarrollo y sobre sus perspectivas. 

 

¿Medicinas  y  terapias  alternativas  o  complementarias? 

¡Qué tema! La medicina ortodoxa occidental no debe soslayarse ya que sus avances en la cura o el control de enfermedades ha sido espectacular. Pero no cura todo. Tampoco es sinónimo de certeza total; su aplicación por parte de los médicos conducen a numerosos errores profesionales y humanos. Además de prestarse para una práctica muy "comercializada". 

Las otras medicinas o terapias tampoco curan todo y en muchos casos requieren del apoyo de la farmacología o la técnica de la medicina "oficial". E igualmente se prestan a mucha charlatanería. También en muchos otros casos logran resultados sorprendentes donde no pudo triunfar la práctica médica que conocemos. Estamos convencidos que todo es complementario, así es que hoy se está optando por no hablar de "alternativo". ¿Y si la medicina "oficial" también fuera complementaria? 



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