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del libro:
"La Risa y la Salud"
(El nuevo Código de la Risa) 81. Los Maestros A lo largo de los siglos ha habido seres humanos que buscaron la perfección divina. Superando todo obstáculo han trazado el curso de la Verdad y con sus victorias han dejado un testimonio irrefutable del potencial del hombre para realizar su destino cósmico. Se les llama Maestros, porque han dominado tiempo y espacio, aplicando las mismas leyes que Jesucristo y otros han comprobado. Poseen la capacidad infinita para Amar e Invocar misericordia, justicia, libertad, perdón, y la rectitud de Dios. Son seres que han destacado, de muchas maneras, en todas las épocas: los reyes-sacerdotes; los profetas-videntes; los santos-sabios; los filósofos-científicos, que han surgido (o reencarnado) de todas las clases sociales y de todos los continentes. Un Maestro es una de las máximas evoluciones a las que puede aspirar un ser humano (algunos dicen que también otro ser extraterrestre) en sus encarnaciones, podríamos decir que son “los hombres perfeccionados”, muchos de los cuales “ascendieron” con cuerpo físico en lugar de desencarnar. Sin embargo se sostiene que la evolución en la escala jerárquica puede continuar, pasando a ángeles y arcángeles. La Ley de la Jerarquía es la Ley de la Evolución, mediante la cual el menor siempre está destinado a llegar a ser el mayor. Al respecto, es muy bonita la narración de Mark y Elizabeth Prophet, sobre la evolución del conocido y poderoso Arcángel Miguel: “Mucha gente cree que estos grandes seres aparecen como por encanto; que Dios (debido a las fantasías de su mente) de repente se sienta y dice: Voy a hacer un Arcángel y ¡ya está, pum!, una de esas flores o un copo de nieve se convierte en un arcángel. Pues no es así. En el caso del arcángel Miguel, hace millones de años, él era un elemental, un espíritu de la naturaleza, que llevó a cabo una hazaña poco común y encarnó como humano, e hizo todo el camino de los peldaños de la escalera de la evolución, hasta llegar a Príncipe de los Arcángeles. La idea es que la gente tiene que elevarse cada vez más alto en la espiritualidad; se supone que no debe pararse”. Las misiones de los Maestros son numerosas, pero no están al lado de un encarnado. Al igual que los Guías y Ángeles, pueden hacerse presentes en cualquiera de los “planos” de existencia. Suelen reencarnar para cumplir misiones muy específicas valiosas para toda la humanidad. Son los que “deciden” su propia reencarnación. Muchos alcanzaron una gran notoriedad, provenientes de Oriente: Buda, Kwan Yin, Confucio, El Morya, Mahatma Gandhi; provenientes de Occidente: Enoch, Moisés, Melquisedec, Elías, Jesucristo, San Francisco de Asís, Saint-Germain. Otros no tienen ninguna “prensa”, pero no por eso son menos evolucionados. Son considerados “Iniciados de Alto Grado” que lograron una gran expansión de la consciencia. Conforme con Torkom Saraydarian esta circunstancia tiene un mayor significado para el mundo que para el ser en cuestión. Cada consciencia que se “expande” es alguien que se pone al frente de la Luz, la Bondad y la Belleza, y la humanidad toda se enriquece. Cuando vuelven a este plano físico, asegura Saraydarian que es una encarnación de la energía de la alegría acumulada a lo largo de muchas vidas. De esta manera, esa energía de la alegría, combinada con la energía mental y la bioenergía (considerada como traslado de energía), puede obrar milagros. ¿O que fueron los obrados por tantos maestros encarnados? El uso de un gran poder bioenergético sustentado en un profundo conocimiento espiritual, una enorme alegría de servir y una poderosa energía mental proveniente de un desarrollado “cuerpo causal”, del Alma que todo lo sabe. Desde “abrir las aguas de un mar” como Moisés; “calmar la tempestad de un lago” como Jesucristo; “resucitar muertos” como Elías (con el hijo de la viuda de Sidón), como Jesucristo (con Lázaro y con la hija de Jairo), y mucho más recientemente como el Padre Pío de Pietrelcina (con el bebé de la mujer muy pobre de un extremo de Italia), o actualmente como Sai Baba (con su anciano amigo, el estadounidense Walter Cowan). Los Maestros son los verdaderos instructores de la humanidad. También son los que nos “dictan”, desde otros planos, las claves necesarias para lograr grandes “creaciones” (libros, teorías, descubrimientos, obras de arte, grandes labores humanitarias, etc.). También es posible comunicarse con alguno de ellos, de diversas maneras. El mismísimo Albert Einstein, en su escrito titulado “Mi visión del mundo”, lo reconoció muy claramente: “Pienso mil veces al día que mi vida externa e interna se basa en el trabajo de otros hombres, vivos o muertos. Siento que debo esforzarme por dar en la misma medida en que he recibido y sigo recibiendo” Algunas líneas de conocimiento sostienen que ambos, Guías y Maestros, están presentes en los momentos en que se nos presenta la “película” de nuestra última vida (o, dicen, de vidas anteriores --según nuestra propia evolución--) y ayudan a cada alma que va a reencarnar a planificar su próxima vida, y luego uno de ellos será el encargado de asistirnos para que podamos cumplir los objetivos trazados. En determinadas circunstancias de nuestra vida, distintos Guías y/o Maestros nos pueden asistir en ese aspecto particular y posteriormente desaparecer. Para ampliar conceptos sobre los Maestros y conocer a muchos de ellos con mayor profundidad, sugerimos la lectura de libros de metafísica. Respecto de la vinculación de los Maestros con la alegría, el buen humor y la risa, ya hemos visto algunos conceptos, pero es muy bonito y esclarecedor lo que transmite ese metafísico andino-peruano que es Antón Ponce de León Paiva: “Cuando conocí a mis Maestros Kechuas, me llamó poderosamente la atención las carcajadas que soltaban --sigue siendo parte de ellos-- y aprendí a sonreír con ellos… ¡Qué falsa imagen de los Maestros se ha creado!, siempre pensando que el maestro debe ser serio, sin sonrisa ni bromas. El verdadero maestro, además de ser muy sencillo, simple en su expresión, humilde, sonríe, bromea, juega… Cuando los conocí así, dudaba de su maestría… Es que el amor por la alegría que se ve permanentemente en ellos a veces hace pensar en un ser demasiado humano… Además yo podía estar muy cerca de ellos, sentirlos, tocarlos, abrazarlos y me habían dicho que a los Maestros no se los podía tocar… ¡Qué falsedad!... La alegría de estos seres es una danza infinita… Es el ser profundo que hay en cada cuerpo y se manifiesta en cada juego…” Un Maestro Universal
Ieschou bar (en arameo: “hijo de”) Iossef, nació en Galilea, lo que
hoy es el territorio de la moderna Israel. Su nombre era común en aquella
época (y aún en la actual) donde se incluye el del Dios de los Judíos (Jo
ó Je abreviación de Jahvé). Por ejemplo, Ieschou (Jahvé le
ayuda); Iossef (preferido por Jahvé); Iehouda (el que alaba a Jahvé).
También reconocido como
Jesús de Nazareth, como Jesús
el Cristo, como Jesucristo.
(continúa) | ||
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