del libro:
"La Risa y la Salud"
(El nuevo Código de la Risa)
La persistencia de un mito
Cuando la medicina comenzó “oficialmente autorizada” con la disección
de cadáveres, aparecieron las primeras manifestaciones del mito que aún
perdura, extrañamente, no sólo en los criterios médicos sino también en los
de la gente común: “todo el mundo sabe que, en el adulto, la glándula
timo está atrofiada”, “el timo se atrofia a la salida de la adolescencia”,
“sufre un proceso de regresión hasta quedar reducido a islotes de tejido
disperso”. Efectivamente, los anatomopatólogos se encuentran con un timo
bastante pequeño, gris oscuro y rodeado de grasa, en lugar de la glándula
grande de color gris perla rosado que tienen los niños, por lo cual se
enseñó en los claustros universitarios que era consecuencia de una atrofia.
¿Por qué quedó tan marcado ese concepto?
Fue recién en la década de
1950 cuando aparecieron nuevos estudios que empezaron a hacer dudar lo que
se afirmaba desde las autopsias. Hoy sabemos que un simple estado de ánimo
“deprime” al timo, que una enfermedad o una infección, pueden reducirlo a la
mitad de su tamaño en veinticuatro horas y resulten destruidos millones de
linfocitos. ¡No debe sorprender que aparezca en estado de atrofia cuando se
lo examina en un cadáver!
Pero la cosa no quedó sólo
allí. Los casos de niños que mueren asfixiados en sus cunas (“muerte
blanca”), fueron atribuidos al excesivo tamaño de la glándula timo
comparada con la del adulto (¡cuando ésto es lo normal!), por lo que se
llamó a esta patología “status timicolinfático”. Pensando erróneamente que
el timo puede “hincharse” y provocar la asfixia al comprimir la tráquea, se
comenzó a someter a potentes radiaciones el timo de los niños. Práctica ya
descartada, pero que nosotros hemos visto todavía en algunas clínicas de
nuestro país y en este nuevo milenio. ¡Que error debilitar gratuitamente al
timo con esta maniobra y hasta dejarlo en condiciones peligrosas para el
futuro de ese niño! Sabemos lo delicada que son las radiaciones para muchos
órganos de nuestro cuerpo. Una simple radiografía en una embarazada puede
poner en riesgo el feto. Un dato reciente: la bacteria helicobacter
pylori se encuentra en el 50 % de los adultos (relacionada con úlceras,
cáncer de estómago y enfermedades coronarias), y parece ser que se traslada
a través de la saliva, sobre todo cuando un adulto besa a un bebé de hasta
seis meses o “chupa” el chupete para dárselo. El contagio de esa bacteria
pondría en riesgo de muerte al lactante.
Pero el mito insiste en
persistir: ahora algún sector de la medicina acepta que el timo no se
atrofia en la salida de la adolescencia... ¡lo hace paulatinamente a partir
de los cincuenta años de edad!, intentando explicar la proliferación de
enfermedades autoinmunes en los “adultos mayores”, cuando la razón de esas
patologías siguen siendo los HMN y
la
no
estimulación
del
timo.
¿Que pensaría el médico
londinense Fourlerton, que ya en 1902 utilizaba extracto de timo para el
tratamiento del cáncer? Tal vez lo mismo que pueden pensar Richard Hong y
sus colaboradores de la Universidad de Vermont, USA, que han comenzado a
trasplantar un timo sano a enfermos de sida, con buenos resultados hasta el
momento, para restaurar el sistema inmunológico afectado. O lo que pensarían
los responsables de medicar extracto de timo de peces, sobre todo de
tiburón, para obtener idénticos resultados.
Según demostró el equipo de
Jason Gill y Richard Boyd, de la Facultad de Medicina de la Universidad
Monash en Melbourne, Australia, el timo que funcione mal podría
llegar
a
ser
reemplazado.
Estos investigadores lograron, a partir de células madre del epitelio
del timo, crear una nueva glándula timo en ratones que funcionó
perfectamente en su tarea inmunológica. Importante para terapias por
inmunodeficiencia; en casos en que el timo esté ausente (enfermedad de Di
Giorge) o extirpado, y para evitar el típico rechazo en los
casos
de
trasplantes
de
órganos.
(continúa)
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