El  cambio  climático  global  entra  en  la  política  internacional

Es posible que 2007 pase a la historia como el año en que el cambio climático logró ocupar el centro del escenario político internacional como uno de los temas de mayor transcendencia para el futuro de la humanidad.

                  

        Entre el 29 de enero y el 1 de febrero, tuvo lugar en París, Francia, la décima sesión del Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC), donde se presentaron las conclusiones de los más recientes trabajos científicos sobre el tema.
        El informe presentado en esta ocasión no difirió mucho del expuesto en oportunidades anteriores en cuanto a sus contenidos científicos, pero fue acompañado por declaraciones, hechas en un decidido tono de alarma, que anunciaron numerosas catástrofes en escala planetaria como resultado del cambio climático pronosticado.
        A esto se sumó el hecho de que varios eventos de orden político, realizados en forma casi simultánea, se hicieron eco de sus conclusiones y las incorporaron, por primera vez en la historia, a las agendas gubernamentales de las grandes potencias.
        Puede observarse que se trata de un tema complejo, que plantea una serie de interrogantes que es conveniente exponer en forma ordenada para mayor claridad:
• ¿Sobre qué temática se centró la reunión del IPCC?
• ¿Qué informaron sus científicos?
• ¿Qué consecuencias se desprenden del informe?
• ¿Cuáles fueron las reacciones políticas ante los pronósticos del IPCC?
• ¿Cuáles son los riesgos y oportunidades para el sector agropecuario argentino?

¿Sobre qué temática se centró la reunión del IPCC?

         
El clima es el estado típico de la atmósfera en un lugar y época del año determinados. Se obtiene como promedio de por lo menos diez años de observaciones, y sirve para caracterizar los rasgos generales de una determinada unidad geográfica. Sin embargo, el clima no es estático, sino que está modulado por dos procesos que le producen perturbaciones:
       Variabilidad Climática: Produce perturbaciones que oscilan alrededor de un valor medio, de manera que el promedio de las mismas es aproximadamente nulo.
       Cambio Climático: Produce perturbaciones que se mantienen en el tiempo.
       Los procesos de cambio y variabilidad climáticos que inciden sobre el clima del mundo, generando diversas perturbaciones son varios:
• Calentamiento global.
• Cambio en el microclima urbano.
• Agujero de ozono.
• Ciclo de precipitaciones del continente Sudamericano.
• Fenómeno de “El Niño Oscilación del Sur”
• Oscilación Decadal del Pacífico.
       En el plano local del continente Sudamericano se observa un ciclo de precipitaciones, que pasa alternativamente por fases húmedas, en las cuales la agricultura avanza hacia el oeste, y fases secas, en la cuales se registra un retroceso.
       Sin embargo, desde hace un tiempo, el enfoque del IPPC se viene centrando en el aspecto del calentamiento global que, por esta causa, ha pasado a ser sinónimo de cambio climático global, eclipsando casi completamente a los restantes procesos.
       En condiciones naturales, la atmósfera posee una cierta concentración de los denominados gases de efecto invernadero (GEI), que tienen la propiedad de retener el calor que emite la superficie terrestre, impidiéndole enfriarse excesivamente.
       Este mecanismo, se denomina efecto de invernadero natural y resulta sumamente beneficioso ya que, sin su acción, la temperatura media del planeta sería de sólo 4 °C, y la mayor parte de su superficie estaría cubierta por una gigantesca glaciación. Gracias al efecto de invernadero natural, la temperatura global es unos 11 °C superior, situándose en el orden de los 15 °C, nivel que mantiene los hielos aislados en los casquetes polares y las altas cumbres, y hace apta para la actividad humana la mayor parte de la superficie del planeta.
       A partir del inicio de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII, el incremento de la actividad industrial, el transporte y el crecimiento urbano, entre otros procesos, han venido causando un paulatino incremento en la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero (GEI). 
Estos gases de invernadero adicionales provienen de diversas fuentes. El más importante es el dióxido de carbono (CO2) producido por la combustión de los hidrocarburos (nafta, gas oil, fuel oil, etcétera) y el carbón mineral que constituyen las principales fuentes de energía que emplea la actividad humana.    
       En segundo lugar aparece el metano, producido por la fermentación anaeróbica en los rellenos sanitarios, en los arrozales y en el rumen de los vacunos y ovinos, que lo eliminan a través de sus eruptos y carminaciones. También son importantes los clorofluorocarbonos empleados en la industria de la refrigeración, el óxido nitroso producido por la combinación oxígeno y nitrógeno atmosféricos en la cámara de combustión de los motores nafteros y gasoleros, así como por la meteorización de los fertilizantes nitrogenados.
        Este cambio en la composición de la atmósfera ha resultado en un efecto de invernadero intensificado, alterando el equilibrio natural que existía entre la energía solar entrante y la energía terrestre saliente, y resultando en el aumento de la temperatura global de la Tierra.
        Para tratar de mitigar el calentamiento global, el Protocolo de Kyoto, firmado en 1997 por los representantes de más de 150 países, propuso disminuciones obligatorias en las emisiones de gases de invernadero por parte de 39 de los principales países industrializados, previendo una serie de medidas complementarias en las que podrán participar los países en desarrollo.
        Sin embargo, el Protocolo de Kyoto demoró en ser puesto en vigencia debido a la oposición de los EE.UU., China y la India, que se negaron a suscribirlo, y recién pudo entrar en vigor en febrero de 2005, luego de que Rusia lo ratificara.
        La reunión realizada recientemente en París, fue la primera de una serie de tres, programada para 2007. Correspondió al Grupo de Trabajo I “Base Física Científica” del IPCC, que tiene a su cargo los aspectos básicos del tema en lo referente al diagnóstico de los cambios ya ocurridos y el pronóstico de los cambios probables en el futuro.
        A continuación, el Grupo de Trabajo II “Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad” se reunirá en Bruselas (Bélgica) entre el 2 y el 5 de abril próximo, para tratar las probables consecuencias de los cambios previstos, y las estrategias adaptativas que podrían emplearse para reducir su impacto.
        La serie de eventos se completará con la reunión del Grupo de Trabajo III “Mitigación del Cambio Climático”, que tendrá lugar en Bangkok, Tailandia, del 30 de abril al 3 de mayo de este año. En esta reunión se discutirán las metodologías que podrían emplearse para reducir la velocidad de avance del calentamiento global, en especial en lo que hace a la posibilidad de reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Es notable que, a pesar de que la reunión de París fue sólo la primera de las tres previstas para este año, produjo una inusitada reacción.

¿Qué Informaron los Científicos del IPCC?

        La décima sesión del Grupo de Trabajo I del IPCC se centró en ajustar y corregir los diagnósticos y pronósticos efectuados en las reuniones anteriores del organismo, tomando como base los resultados de la Tercera Reunión de Cambio Climático realizada en 2001.
        Aunque ahora en París se revisaron todos los aspectos tratados en aquel entonces, el único cambio significativo radicó en la mayor probabilidad de acierto que se asignó a los pronósticos. En 2001 los científicos habían estimado que existía un 66 % de probabilidad de que la actividad humana estuviera modificando el ambiente. Ahora, el IPCC aseguró que dicha probabilidad es del 90%. En los demás aspectos, los diagnósticos y pronósticos fueron muy similares a los efectuados en 2001.
        En lo que hizo al diagnóstico de los cambios ya ocurridos, los puntos principales fueron los siguientes:
• El incremento total de temperatura global desde 1850 hasta 2005 se ajustó en un valor de 0,76°C.
• Se comprobó una disminución significativa de la cobertura de hielos del Polo Norte y Groenlandia,
  así  como una reducción de los glaciares de montaña y la cobertura nival. Sin embargo,
  contrariamente a lo que aseguran muchos medios, no se observó una disminución significativa de la
  cobertura de hielo de la Antártida.
• Por efecto del incremento de volumen producido por la temperatura y el aporte de agua generado
  por el derretimiento de campos de hielo y nieve, durante el Siglo XX, el nivel del mar creció 17 cm,
  con un promedio de 1,7 mm por año.
• Se observaron incrementos significativos de precipitación en el este de los continentes
  Norteamericano y Sudamericano, el norte de Europa y el norte y centro de Asia. Se observaron
  disminuciones de la precipitación en el Sahel, el Mediterráneo, sur de África y sur del Asia.
• Los vientos del oeste de latitudes medias (el Pampero en Sudamérica) incrementaron su intensidad.
• La frecuencia de precipitaciones intensas se incrementó sobre las áreas continentales.
• Se incrementó la frecuencia de olas de calor.
• Se incrementó la frecuencia de tifones y huracanes.
       En lo referente a los pronósticos para el futuro, se destacaron los siguientes aspectos:
• En caso de que se logren controlar las emisiones de gases de invernadero, manteniéndolas en el nivel
  del año 2000, durante el Siglo XXI se producirá un incremento de la temperatura global del orden de
  1°C que, sumado al incremento de 0.76 °C ya observado, daría un incremento total de 1,76°C.   
  Caso contrario, el incremento térmico podría elevarse a 2°C, produciendo un incremento total de
  2,76°C, para el año 2100. El incremento de la temperatura será mucho mayor sobre las grandes
  masas continentales del Hemisferio Norte, donde podría superar los 4°C. En cambio, sobre las
  grandes extensiones oceánicas del Hemisferio Sur, se espera un incremento de menos de 1°C.
• Se producirá una disminución de la cobertura de hielos del Polo Norte y Groenlandia, de los
  glaciares de montaña y de la cobertura nival.
• El casquete de hielo del Polo Sur continuará demasiado frío para derretirse en forma significativa, y
  podría incrementarse debido al aumento de las nevadas producido por el aumento de las
  precipitaciones en las altas latitudes.
• Se observará un incremento de la intensidad y frecuencia de tifones y huracanes.
• Se registrará un incremento de las precipitaciones en las altas latitudes y una disminución sobre las
  zonas tropicales y subtropicales.
• Con respecto al incremento del nivel del mar, los valores estimados se sitúan en un rango entre 1,5 y
  4 mm por año. Para el año 2100, este proceso podría producir un aumento de nivel entre 15 y 40 cm
  que, sumados a los 17 cm incrementados durante el siglo XX, darían un total acumulado ente 32 y 55
  cm.

¿Qué consecuencias se desprenden de los pronósticos del IPCC?

          
Tomados en sí mismos, los diagnósticos y pronósticos emitidos por el IPCC son tranquilizadores: aún el peor de los casos, el incremento de la temperatura del planeta con respecto a la era preindustrial será de unos 2,76°C, un valor muy inferior al que manejan muchos medios de comunicación. Además, este incremento se producirá a lo largo de una centuria, dando tiempo suficiente para desarrollar las tecnología necesarias para adaptarse exitosamente al cambio.
        En el peor de los casos, el incremento del nivel del mar será del orden de 55 cm, muy por debajo de los 30 metros que pronostican muchos medios de comunicación y varias películas de ciencia ficción.
No se observa un riesgo real de que se derrita el casquete polar de la Antártida, como se asegura en muchos medios.
        El calentamiento será muy superior en el Hemisferio Norte, dando ventajas al Hemisferio Sur.
        Aunque los riesgos derivados del incremento de la frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos intensos, como tifones, huracanes, precipitaciones torrenciales, olas de calor, etcétera, aportarán riesgos que habrá que aprender a enfrentar con éxito, el informe del IPCC pareció desmitificar algunos temas, como el posible anegamiento de amplias extensiones costeras debido al incremento desmedido del nivel del mar, o el derretimiento del Polo Sur.
        Sin embargo, varios de los científicos que asistieron al evento hicieron declaraciones personales de franco tono alarmista que contradijeron abiertamente el carácter aparentemente moderado de los pronósticos. A continuación se transcriben algunas de las más notables.
        El experto francés Jean Jouzel señaló que, en Francia, la ola del calor del verano de 2003 que, según aseveró, produjo la muerte a 30.000 personas, se repetirá un verano de cada dos a partir del 2050. Cabe destacar que las fuentes oficiales francesas de aquel año 2003, hablaban sólo de unos 3.000 decesos, la mayoría de las cuales eran personas de edad, con problemas cardíacos, que habían quedado solas en París, mientras sus hijos veraneaban en las playas del Mediterráneo.
        Un numeroso grupo de científicos cree que los cambios en el clima crearán una nueva categoría de víctimas, los llamados “refugiados climáticos”, es decir, las personas que estarán obligadas a abandonar sus casas y territorios. Según proyectan los expertos, el número de refugiados climáticos podría ser superior al de los refugiados que dejaron las recientes guerras. Se calcula que unos 200 millones de personas deberán cambiar sus puntos de residencia debido al aumento previsto de 40 centímetros en el nivel de los océanos, lo cual llama a preguntarse qué piensan que hubieran dicho si se previera que el mar subiera 30 metros.
        El doctor Osvaldo Canziani, un científico argentino que fue copresidente del Grupo de Expertos sobre Cambio climático, aseguró que el calentamiento global afectará la producción agrícola y ganadera argentina. Hizo hincapié en el caso de la deforestación para la siembra de soja que, en su opinión, produjo grandes desastres en Tartagal y tantos otros lugares donde la falta de retención de los suelos y la aceleración de los torrentes por la tala de los bosques, determinó que se venga abajo toda la geografía del lugar.
        Sin embargo, antes de tomar por válidas estas declaraciones hay que hacer notar que el tono de catástrofe no se originó en el informe oficial de la reunión, cuyas conclusiones fueron muy moderadas, sino que corrió por cuenta de algunos de los científicos participantes.
        Por lo tanto, antes de sacar conclusiones definitivas, será conveniente esperar el informe oficial de la reunión del Grupo de Trabajo II “Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad”, que se reunirá en Bruselas (Bélgica) entre el 2 y el 5 de abril, para tratar las probables consecuencias de los cambios previstos, y las estrategias adaptativas que podrían emplearse para reducir los mismos.

¿Cuáles fueron las reacciones políticas ante los pronósticos del IPCC?

          
La nota distintiva de la reunión del IPCC en París, estuvo dada por la repercusión política que alcanzaron sus conclusiones y comentarios. Dado que las mismas ya eran conocidas de antemano en sus aspectos esenciales, algunas de las reacciones se produjeron inclusive antes de que el IPCC se reuniera.
        A fines de enero, por ejemplo, el presidente de los EE.UU. fue el primero en tocar el tema. En su discurso sobre el estado de la Unión en ese mes, Bush se refirió brevemente al tema y reconoció, por primera vez, que el calentamiento global es un “desafío serio”. No obstante, se abstuvo de proponer medidas para reducir las emisiones porque, en su opinión, producirían un grave daño a la economía del país. En cambio propuso medidas para reducir el consumo de hidrocarburos en un 20 por ciento en 10 años mediante el uso de combustibles alternativos y el aumento de la eficiencia del empleo de los combustibles fósiles. Aunque este cambio de actitud fue recibido con cierto escepticismo, debido a que el presidente Bush viene oponiéndose al ingreso de los EE.UU. al Protocolo de Kyoto, es un indicador significativo de la importancia que está tomando el calentamiento global en las plataformas políticas de los principales gobernantes del mundo.
        Entre el 24 y el 28 de enero, en Davos, Suiza, el Foro Económico Mundial llevó a cabo su Reunión Anual 2007 con la presencia de más de 2.400 representantes de 90 países, entre ellos 24 jefes de Estado y de gobierno, 85 ministros y dirigentes de organismos internacionales y de numerosas multinacionales. En la sesión de apertura, la canciller de Alemania, Angela Merkel, puso énfasis en la lucha contra el calentamiento global. Caracterizó de “muy razonable” la propuesta del presidente norteamericano, George Bush, de reducir el consumo de petróleo, y pidió llegar a un acuerdo para disminuir las emisiones de efecto invernadero. Agregando una nota de gran efecto, el 3 de febrero, Jacques Chirac, presidente de la República Francesa, cerró la conferencia “Ciudadanos de la Tierra” haciendo el “Llamamiento de París” para una Gobernanza Medioambiental Mundial. En su discurso, el Presidente Francés señaló con gran dramatismo: “Todos sabemos que la actividad humana sin control está provocando una especie de suicidio colectivo lento. Sólo la reunión de las naciones en torno a compromisos acordados conjuntamente, permitirá prevenir un desastre”.
         Estas declaraciones, a las que se sumaron otras que sería largo enumerar, no dejaron duda acerca de que el cambio climático se ha incorporado a las agendas de los principales gobernantes del mundo como un tema de la mayor repercusión.
         Es muy posible que las declaraciones de tono catastrófico efectuadas por varios de los científicos que participaron en la reunión del IPCC, hayan contribuido eficazmente a atraer la atención de los gobernantes. En este sentido, una pizca de exageración suele obrar milagros. No obstante, sería prudente no dar por cierto, hasta que ello se demuestre objetivamente, que un aumento del nivel del mar, de solo 40 cm, podría determinar la evacuación de 200 millones de personas.

¿Cuáles son los riesgos y oportunidades para el sector agropecuario nacional?

           
Aunque durante las últimas campañas la Argentina registró impactos climáticos, y probablemente continúe registrándolos en el futuro, los mismos exhibieron una intensidad mucho menor que la observada en el Hemisferio Norte, lo cual concuerda con las previsiones en este sentido del IPCC.
         El clima oceánico y la escasa población de nuestro país, lo protegen en buena medida de los efectos que se observan en las regiones de clima continental y muy superpobladas del Hemisferio Norte. En esos países, el constante aumento de la actividad industrial, el avance de las ciudades sobre las áreas rurales, el talado de los bosques y selvas, están produciendo un cambio en el clima del planeta que provoca numerosos impactos sobre el agro. Sequías, inundaciones, huracanes, olas de calor y de frío, tormentas de granizo y vientos extremos se suceden a intervalos cada vez más cortos y con fuerza cada vez mayor, afectando a la mayoría de las regiones agrícolas del mundo, incluyendo los EE.UU., Canadá, Europa, Australia, Sudáfrica, la India y otros países.
         Por esta causa, durante los últimos años la producción agrícola mundial dejó de crecer al ritmo que había mantenido anteriormente, mientras la población y capacidad adquisitiva continuaron subiendo, generando una creciente demanda que amenaza quedar insatisfecha en poco tiempo.            
         Nuestro país, en cambio, pudo aprovechar el incremento de la demanda, duplicando en 10 años su producción de cereales y oleaginosas, lo cual la sitúa ventajosamente para aprovechar el incremento del comercio agropecuario que se prevé para el futuro cercano.
         No obstante será conveniente no perder de vista que el clima está haciéndose cada vez menos confortable; también será necesario incorporar a tiempo la tecnología necesaria para hacer frente a las dos adversidades que afectan al territorio nacional con mayor frecuencia e intensidad: inundaciones y sequías. El hecho de que la Argentina sufra impactos mucho menores que los de otras regiones del globo, no significa que podamos dormirnos sobre nuestros laureles. Si no hacemos lo necesario, el proceso terminará por alcanzarnos indefectiblemente.

                                                                                Eduardo M. Sierra - Ingeniero agrónomo.
                                                                                Especialista en Agroclimatología
                                                                                Facultad de Agronomía UBA

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