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Exposición del
Cacique Guaicaipuro Cuatemoc
ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea
El texto que seguirá
es una obra de ficción, pero su contenido es aceradamente cierto, la
crítica a los europeos absolutamente justificada y la redacción muy
ingeniosa. El cacique Guaicaipuro existió hace poco menos de
quinientos años, aunque su nombre real no incluía el ahora añadido
Cuatemoc. El autor del relato es Luis Britto García (Caracas,
1940, escritor venezolano), que lo publicó el 6 de octubre de 2003, con
motivo del Día de la Resistencia indígena (12 de 0ctubre), bajo el título
de "Guaicaipuro Cuatemoc cobra la deuda a Europa".
Aquí pues yo,
Guaicaipuro Cuatemoc he venido a encontrar a los que celebran el
encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace
cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron
hace solo
quinientos años.
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Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder
descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas,
a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con
intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles
consentimiento.
Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo
reclamar intereses.
Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y
firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San
Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y
16 millones de kilos de plata provenientes de América.
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¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos
cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín,
matan y niegan la sangre de su hermano!
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¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de
las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o
a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que ¡el arranque del
capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de
metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser
considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de
América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir
la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir
la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
.
Yo, Guaicaipuro Cuatemoc, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas
hipótesis. Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el
inicio de un plan “MARSHALLTESUMA'', para garantizar la reconstrucción de
la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos
musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros
logros superiores de la civilización. Por eso, al celebrar el Quinto
Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos
europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los
fondos tan generosamente adelantados ... por el Fondo Indoamericano
Internacional?
.
Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas
de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de
exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas
gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal. En lo financiero, han
sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el
capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas,
las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el
Tercer Mundo.
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Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman, según
la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a
reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que,
tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar. Al decir
esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestro hermanos
europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de
interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer
Mundo.
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Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos
adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo
durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia. Sobre esta base, y
aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los
descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185
mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la
potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de
300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra. Muy
pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en
sangre?
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Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas
suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su
absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los
supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los
Indoamericanos. Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que
discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue
a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión
de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la
deuda histórica...
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Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una
bancarrota tal que les impide cumplir con sus compromisos financieros o
morales.
En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos
la bala con la que mataron al Poeta.
Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa.
(arriba)
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