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La Dieta del Buen Vivir
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Para con los demás
- Lo
que existe en tu interior es lo que darás y por lo tanto es
lo que recibirás, ya que para las Leyes del Universo
"dar y recibir son la misma cosa".
- Intenta
ver en todas las personas, en todas las cosas y en todas las
circunstancias, una misma mente igual a la tuya: la Mente
de Dios.
- Ofrece
a los demás comprensión y ayuda en lugar de sentir enemistad
y competitividad.
- Elogia
a las personas que alternan normalmente o circunstancialmente
contigo.
- Recuerda
permanentemente que tu propósito en esta vida es lograr
amor, paz y alegría.
- Trata
de estar con gente que sea de tu agrado y tambien trata de
agradarles.
- Escapa
de los comentarios negativos y desagradables.
- Brinda
la sonrisa a todas las personas
con quien te cruces en la vida, aunque al principio te resulte
forzado o no tengas ganas.
- Busca
hacer reír a los demás,
y sentirás que es uno de los mejores bienes que puedes poseer.
Para contigo
- Regocíjate
de la abundancia que representa despertarse cada mañana frente
a la experiencia de un nuevo día.
- Agradece
constantemente todo lo que tienes: desde un fósforo, pasando
por tus bienes (muchos o pocos), los seres queridos, hasta
el sol si está brillando o la lluvia si está cayendo.
- Bendice
permanentemente todas tus tareas: las livianas y las pesadas,
las que te gustan y las que no te gustan.
- Alégrate
de vivir, de estar sano, de tener familia, o pareja, y amigos,
de ser creativo.
- Esfuérzate
por ocupar tu mente con pensamientos positivos, en
lugar de los negativos que siempre te abruman: "según
pienses así será".
- Cuida
y corrije tu lenguaje y
abandona el hábito de protestar y de hablar de escasez.
- Adopta
una actitud de alegría pensando con humor,
manteniendo tu mente abierta y permitiéndote "ver" las situaciones
que te toca vivir de manera divertida.
- Ríete
todos los días lo más que puedas; si es posible en compañía
y, sanamente, ríete de tí mismo y contigo mismo.
Un pensamiento para recordar:
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Sin tu sonrisa, el mundo no se puede salvar. Mientras
la tristeza se abata sobre tí, la Luz que el propio Dios
designó como medio para la
salvación se atenúa y pierde
su fulgor. Y nadie se ríe, porque
toda risa no es
sino el eco de la tuya.
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