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El solo gesto de la sonrisa genera,
por el movimiento muscular, un
estímulo eléctrico sobre los filetes nerviosos que inervan los músculos que intervienen en la sonrisa, y los nervios sensitivos (que son los que vuelven hacia el cerebro) llevan este impulso hasta el centro del sistema límbico, donde es bien recibido por la glándula
pituitaria o hipófisis (única de todas nuestras glándulas que es química y eléctrica al mismo tiempo)
Cuando la pituitaria recibe el impulso o estímulo generado por
nuestra sonrisa reacciona liberando unas hormonas llamadas "endorfinas" (neuropéptidos
de actividad opiácea), las que, además de ser el analgésico natural de
nuestro cuerpo, producen al ser liberadas, una sensación de bienestar
generalizado.
Lo mismo ocurre ante la acción de reír.
Lo más notable es que cuando la risa y/o la
sonrisa son
autoprovocadas (es decir voluntarias y
conscientes) producen respuestas muy semejantes
a las que provocan las verdaderas.
Uno de los pilares de nuestra enseñanza es el trabajo
individual sobre la
propia sonrisa y la
visualización de las endorfinas, con un ejercicio que es todo un
hallazgo.
¿Se anima a distinguir una sonrisa
. . . . forzada de una
verdadera?
Puede hacerlo
en este website:
1.
BBC - Science & Nature
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