Risa y
Sida
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Una aproximación a la enfermedad
La última gran enfermedad epidémica del segundo milenio. Para
hablar sobre ella debemos considerar lo siguiente: ¿es enorme la
ingerencia que tiene sobre el VIH (virus de la
inmunodeficiencia humana) nuestro sistema inmunológico? ¿o es el
VIH quien tiene una enorme ingerencia sobre nuestro sistema
inmunológico? Pensemos: ¿por qué, frente a la presencia del
virus, existen los popularmente llamados portadores "sanos" y los
enfermos? Una manera de
distinguir, dentro de "personas con HIV", entre los que, a pesar
de convivir con el virus, el mismo no se les manifiesta
(con las consiguientes
consecuencias).
Nuestro sistema inmunológico tiene varios tipos de
linfocitos T
(timo-dependientes), entre los cuales hay
ayudantes --helper-- (que producen acciones y
sustancias para elevar la agresividad de los linfocitos killer)
e inhibidores o
supresores (que disminuyen la
actividad de los killer y de otras células inmunitarias).
Un sistema normal tiene dos veces más células ayudantes que
inhibidoras, el
paciente de sida tiene la
proporción opuesta.
Esto significa que tiene un sistema inmunológico que se contiene y
no ataca al invasor, y parece ser una labor del retrovirus VIH que
no solo elimina --o usa-- a los linfocitos killer CD4 (que
no lo atacan por estar frenados por los supresores) sino que
“confunde” a los linfocitos helper (ayudantes). Tal vez las
investigaciones deban orientarse no tanto a “matar” al VIH sino a
impedirle que anule a los linfocitos ayudantes, lo cual –por otra
parte-- predispone a la aparición de las llamadas infecciones
“oportunistas”: los cuerpos de estos pacientes son arrasados por toda clase de
hongos, protozoos y otros virus
y hasta el Sarcoma de Kaposi. La prognosis es pobre, aún no se
conoce a alguien que haya recuperado el sistema inmunológico
normal.
Las emociones y las actitudes negativas al enfrentarse a una
enfermedad considerada de diagnóstico grave pueden ser tan dañinas
como la propia enfermedad. Es necesario aceptar que vivenciar
EP (emociones positivas)
aumentan la habilidad del sistema inmunológico y que, por lo
tanto, la curación no es solo monopolio de la medicina, hay un
alto grado de responsabilidad en la búsqueda de la salud por parte
del enfermo.
Nosotros hemos observado que los pacientes que reaccionan
reconociendo su patología y, al mismo tiempo, demostrando “espíritu de
lucha” y no pierden la alegría de vivir, son los que
sobreviven más tiempo o terminan derrotando a la enfermedad. Los
que sucumben con mayor rapidez son los que reaccionan mostrando
una actitud estoica o desvalida. Otra observación es que la
depresión tiene un efecto desencadenante. Donde no hay duda es
que casi todos los pacientes padecen de una importante depresión
que agrava el proceso.
Una aproximación a la terapia
En nuestra Escuela enseñamos a estimular la
glándula Timo (directora de la orquesta inmunológica) y
también se trabaja hacer frente al miedo
(sobre todo al miedo de la muerte y al de la medicación) en lugar
de ignorarlo. Lo mismo prepararse para que no aparezca el
sentimiento de culpa si no se hace bien la terapia o se fracasa,
ya que el riesgo --como en cualquier
terapia-- existe cuando los pacientes se convencen de que si
piensan y actúan de la manera correcta obtendrán el éxito y luego,
si no lo logran, el derrumbe es mayor. Igualmente corregir un
sentimiento muy parecido que es cuando, como comentamos, el
paciente se censura por no haber podido controlar sus
HMN (hábitos mentales negativos)
y, supuestamente, haber agravado la
enfermedad.
El mismo criterio
usamos con otras patologías, como el cáncer.
Hay miles de personas que conllevan el desafío de esta enfermedad
y mantienen una vida muy cercana a la que normalmente tenían en
estado de salud. Por otra parte, es necesario imponerse esta
conducta de vida.
El objetivo de todo médico, y del propio paciente, debiera
ser inducir a verse no como un individuo enfermo
sino como alguien que está en vías de
curación.
Según Norman Cousins: “el sida es
otro ejemplo del hecho de que nuestra manera de pensar en
una enfermedad tiene efectos definidos sobre su desenlace”. Si el
enfermo cree que su dolencia es grave y se complicará cada
vez más, es altamente probable que genere respuestas fisiológicas
tan desfavorables que lo lleven a la muerte a causa de esa
enfermedad. Lo contrario también es cierto: si cree que
--aún contra diagnóstico-- logrará someter a su mal, es altamente
probable que lo logre.
Hasta se podría asegurar que los “portadores” del virus que
“trabajan” las emociones,
sentimientos, pensamientos, lenguaje y actitudes positivas, cuyo
epicentro es para nosotros la
risa y la práctica de nuestra
“Secuencia de la Salud” -–en especial
la estimulación del Timo--, no pasan a “enfermos”. De allí el
aforismo de Cousins: la creencia crea la
biología. Tal vez uno de los más profundos en la historia de la medicina.
(
más
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