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J Los
progresos del siglo XX en el campo de la salud, son sorprendentes. Hay
enfermedades que, despues de haber aterrorizado al mundo entero
durante siglos, se han convertido casi en piezas de museo: peste,
cólera, lepra, tifus, tétanos, etc. El retroceso de las epidemias, las
enfermedades curables como la tuberculosis o prevenibles como la
poliomielitis o la viruela, la mortalidad infantil disminuída en
proporciones muy altas, los progresos de la tecnomedicina, el adelanto
en todo tipo de medicamentos, las grandes medidas de sanidad pública,
el conocimiento médico al alcance de todo el mundo, la proliferación
de distintas y eficaces terapias, son evidencias que nos llevan a una
conclusión: ¡todos deberíamos
llegar
a
centenarios,
como
mínimo!
Y, sin
embargo, aunque nuestras probabilidades de alcanzar una edad avanzada
y con buena salud, son mayores que las de nuestros antepasados, hoy
--como ayer-- los humanos siguen desapareciendo o perdiendo vitalidad
de forma absurda por la presencia de nuevos enemigos: sida,
cáncer, cigarrillo, infarto, estrés, depresión, accidentes
automovilísticos, drogas, alcohol, polución ambiental, desnutrición,
hipertensión, artritis, ataques cerebrovasculares, artrosis, fatiga
crónica, insomnio, insuficiencia sexual, falta de espiritualidad,
pánico, etc.
J Ahora
bien, analice estos nuevos enemigos enumerados y responda a esta
pregunta: ¿cuántos de ellos pueden ser atribuidos exclusivamente --o
casi-- al descontrol del propio ser humano?
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Sí, sí, no lo piense más. Prácticamente todos.
Pero antes veamos que se entiende, en
la actualidad, por salud. Según la OMS (Organización Mundial de
la Salud) no es la mera ausencia de enfermedad, sino una totalidad
mucho más abarcativa: “es el
bienestar físico, mental y social al que todo ser humano tiene
derecho”, y añade:
“implica el disfrute de la mayor forma
posible de bienestar orgánico, psíquico y social sin distinción de
raza, religión, creencia política o condiciones económicas”.
En verdad, la salud es el estado natural del ser humano. Y como dice
Deepak Chopra, a esto se le puede agregar el bienestar espiritual. De
esta manera, la salud es un estado en que la persona siente la alegría
y el entusiasmo de vivir a cada momento, una sensación de realización
y una conciencia de armonía con el universo que la rodea.
De aquí
se desprende que la enfermedad no es natural. Si es tan
importante la ingerencia de nuestra mente para enfermarnos, también lo
es para conservarnos en el estado de salud. Cuando comenzamos a
crear salud, el mundo profano y enfermo que nuestra mente inventó
se transforma
en
una
realidad
superior.
Millones
de “agentes extraños” (gérmenes, bacterias, microbios, virus,
hongos) penetran
en nuestro cuerpo físico diariamente. La multiplicación de estos
microorganismos es tan rápida, la entrada en el cuerpo es tan
constante, que la aislación total de nuestro organismo a estos
potenciales elementos de
enfermedad
parece
imposible.
Pero en condiciones normales, el cuerpo físico no sufre
daño por estas invasiones. Los agentes extraños viven y pasan a través
de él sin producirle ningún mal, mientras éste no se halle
debilitado o desarmonizado. De lo contrario, habrá algún punto
débil, con defensas naturales disminuidas en su eficacia y, muy
probablemente, allí se desarrollará alguna enfermedad.
J A
los estudiantes de medicina --comenta el doctor Omar Fareed-- no se
les enseña nada sobre el sistema de autocuración que nuestro
propio cuerpo tiene incorporado. Se les enseña mucho sobre la
enfermedad, cómo diagnosticarla y cómo tratarla, pero no sobre la
forma en que nuestro cuerpo la trata. Por supuesto se les
enseña que hay un sistema inmunológico que funciona por sí mismo, y
hasta hace muy pocos años se lo estudiaba como independiente del
resto del organismo. Pero sanar no es únicamente cuestión de matar
microbios o virus, sino que incluye el proceso de
reconstrucción y reparación. Franz Ingelfinger
aseguraba que el 85% de las enfermedades son accesibles a la
acción del propio sistema de autocuración humano.
Desde muy atrás en la historia existen
abundantes investigaciones médicas (algunas con Premio Nobel
incluido), que demuestran que el cerebro --sometido a las
circunstancias que se manifiestan debido a los HMN-- produce cambios
poderosos en la química corporal y aún prepara las condiciones para el
agravamiento de la enfermedad. Pero hasta los estudios iniciados por
la “obsesión” de Norman Cousins, no había pruebas comparables que
demostraran que las EP también pudieran afectar a los estados
biológicos.
J Ya
es muy grande la certeza de que las emociones, sentimientos y
actitudes positivas no son solamente “estados de ánimo”, sino --como
bien dice Cousins-- realidades bioquímicas,
que ayudan a prevenir y hasta a
revertir
las
enfermedades.
NOSOTROS
ENSEÑAMOS A
FORZAR LA RISA
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J
Nota:
Los textos de nuestras newsletters están extractados de nuestro
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Nuestro testeo y
estimulación del
Timo se enseña y se practica en
nuestros Viajes de
Turismo de Salud y Energético (y obviamente
en nuestros
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