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PADRE PIO de PIETRELCINA
Anécdotas y Pensamientos

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el tema de su incorruptibilidad
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la BENDICIÓN del Padre Pío
(cuando abra busque a la izquierda La Voce di Padre Pio)
¡Cuida por dónde
caminas!
Un hombre fue a San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío pero era
tal la cantidad de gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera
poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso
perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado.
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió
nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos
inhalando el exquisito olor. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que estaba
al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del
padre hubiera seguido caminando... Decidió ir inmediatamente a San
Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el
Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo:- “¡Hijo mío!
¡Cuida por dónde caminas!”.
Debajo del colchón
Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del
Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor
desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y
entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: -“Pues
mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo
del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del
padre debajo de su colchón.
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre.
Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y
cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora
quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular
palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del
confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a
mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”.

Los
consejos del Padre Pío
Un sacerdote argentino había oído hablar tanto sobre los consejos del
Padre Pío que decidió viajar desde su país a Italia con el único objeto de
que el padre le diera alguna recomendación útil para su vida espiritual.
Llegó a Italia, se confesó con el padre y se tuvo que volver sin que el
padre le diera ningún consejo. El padre le dio la absolución, lo bendijo y
eso fue todo. Llegó a la Argentina tan desilusionado que se desahogaba
contando el episodio a todo el mundo. “No entiendo por qué el padre no me
dijo nada”, decía, “¡y yo que viajé desde la Argentina sólo para eso!”
“-El Padre Pío lee las consciencias y sabía que yo había ido con la
esperanza de que me diera alguna recomendación”, etc, etc. Así se quejaba
una y otra vez hasta que sus fieles le empezaron a preguntar: “Padre,
¿está seguro que el padre Pío no le dijo nada?¿no habrá hecho algún gesto,
algo fuera de lo común?”. Entonces el sacerdote se puso a pensar y
finalmente se acordó que el Padre Pío sí había hecho algo un poco extraño.
-“Me dio la bendición final haciendo la señal de la cruz sumamente
despacio, tan despacio que yo pensé: ¿es que no va a acabar nunca?”, contó
a sus fieles. -“¡He ahí el consejo!”, le dijeron, “usted la hace tan rápido
cuando nos bendice que más que una cruz parece un garabato”. El sacerdote
quedó contentísimo con esta forma tan original de aconsejar que tenía el
Padre Pío.
El vigilante y
los ladrones
-“Unos ladrones merodeaban en mi barrio,
en Roma, y esto me impedía ir a visitar al Padre Pío. Al final me decidí
después de haber hecho un pacto mental con él: “Padre, yo iré a visitarte
si tú me cuidas la casa...”.
Una vez en San Giovanni Rotondo, me confesé con el Padre y al día
siguiente, cuando fui a saludarle, me reprendió: -“¿Aún estás aquí? ¡Y yo
que estoy sudando para sostenerte la puerta!”.
Me puse de viaje inmediatamente, sin haber comprendido qué había querido
decirme. Habían forzado la cerradura, pero en casa no faltaba nada.”
Niños y caramelos
“Hacía tanto tiempo que no iba a visitar
al Padre Pío que me sentía obsesionada por la idea de que se hubiera
olvidado de mí.
Una mañana, después de haberle confiado, como de costumbre, mi hija bajo
su protección, fui a Misa. De regreso, encontré a la pequeña saboreando un
caramelo. Sorprendida le pregunté quién le había dado el “melito”, como
ella llamaba a los caramelitos, y muy contenta me señaló el retrato del
Padre Pío que dominaba sobre el corralito donde dejaba a la pequeña
durante mis breves ausencias.
No di ninguna importancia al episodio y no pensé más en él.
Después de algún tiempo, no logrando sacarme de la cabeza la idea de que
el Padre Pío se hubiera olvidado de mí, pude finalmente ir a visitarlo.
Inmediatamente después de la confesión, cuando fui a besarle la mano, me
dijo riendo: -“...¿también tú querías un “melito”?...”.

Un calvo
“No había remedios para mi cabello que iba desapareciendo de mi cabeza, y
sinceramente me disgustaba quedar calvo. Me dirigí al Padre Pío y le dije:
-“Padre, ruegue para que no se me caiga el cabello”.
El Padre en ese momento bajaba por la escalera del coro. Yo lo miraba
ansioso esperando una contestación. Cuando estuvo cerca de mí cambió el
semblante y con una mirada expresiva señaló a alguien que estaba detrás y
me dijo: -“Encomiéndate a él”. Me di vuelta. Detrás había un sacerdote
completamente calvo, con una cabeza tan brillante que parecía un espejo.
Todos nos echamos a reír.
El zapatazo
Una vez un paisano del Padre Pío tenía un fuertísimo dolor de muelas. Como
el dolor no lo dejaba tranquilo su esposa le dijo: -“¿Por qué no rezas al
Padre Pío para que te quite el dolor de muelas? Mira aquí está su foto,
rézale”. El hombre se enojó y gritó furibundo: -“¡Con el dolor que tengo
quieres que me ponga a rezar!”. Inmediatamente cogió un zapato y lo
lanzó con todas sus fuerzas contra la foto del Padre Pío.
Algunos meses más tarde su esposa lo convenció de irse a confesar con el
Padre Pío a San Giovanni Rotondo. Se arrodilló en el confesionario del
Padre y, luego de decir todos los pecados que se acordaba, el Padre le
dijo: -“¿Qué más recuerdas?” -“Nada más”, contestó el hombre. -“¿¡Nada más!?
¿¡Y qué hay del zapatazo que me diste en plena cara!?”
El saludo “grande, grande”
Una hija espiritual del Padre Pío se había quedado en San Giovanni Rotondo
tres semanas con el único propósito de poder confesarse con él. Al no
lograrlo, ya se marchaba para Suiza profundamente triste, cuando se acordó
que el Padre Pío daba todos los días la bendición desde la ventana de su
celda. Se animó con la idea de que por lo menos recibiría su bendición
antes de partir y salió corriendo hacia el convento. Por el camino iba
diciendo para sus adentros: -“Quiero un saludo grande, grande, sólo para
mí”. Cuando llegó se encontró con que la gente se había marchado pues el
Padre había dado ya su bendición, los había saludado a todos agitando su
pañuelo desde su ventana y se había retirado a descansar. Un grupo de
mujeres que rezaban el Rosario se lo confirmaron. Era inútil esperar. La
señora no se desanimó por eso y se arrodilló con las demás mujeres
diciendo para sí: -“No importa, yo quiero un saludo grande, grande, sólo
para mí”. A los pocos minutos se abrió la ventana de la celda del Padre y
éste, luego de dar nuevamente su bendición, se puso a agitar una sábana a
modo de saludo en vez de usar su pañuelo. Todos se echaron a reír y una
mujer comentó: -“¡Miren, el padre se ha vuelto loco!”. La hija espiritual
del padre comenzó a llorar emocionada. Sabía que era el saludo “grande,
grande” que había pedido para sí.
Un niño y los caramelos
Un niño, hijo de un guardia civil, deseaba tener un trencito eléctrico
desde hacía mucho tiempo. Acercándose la fiesta de Reyes, se dirigió a un
retrato del Padre Pío colgado en la pared, y le hizo esta promesa: -“Oye,
Padre Pío, si haces que me regalen un trencito eléctrico, yo te llevaré un
paquete de caramelos”.
El día de los Santos Reyes el niño recibió el trencito tan deseado.
Pasado algún tiempo, el niño fue con su tía a San Giovanni Rotondo. El
padre Pío, paternal y sonriente, le preguntó: -“Y los caramelos, ¿dónde
están?”.
¡Por dos higos!
Una señora devota del Padre Pío comió un día un par de higos de más.
Asaltada por los escrúpulos, pues le parecía que había cometido un pecado
de gula, prometió que iría en cuánto pudiera a confesarse con el Padre
Pío. Al tiempo se dirigió a San Giovanni Rotondo y al final de la
confesión le dijo al padre muy preocupada: -“Padre, tengo la sensación de
que me estoy olvidando de algún pecado, quizá sea algo grave”. El Padre le
dijo: -“No se preocupe más. No vale la pena. ¡Por dos higos!”.

¿Esperas
que me case yo con ella?
El Padre Pío estaba celebrando una boda. En el momento culminante del acto
el novio, muy emocionado, no atinaba a pronunciar el “sí” del rito.
El Padre esperó un poco, procurando ayudarlo con una sonrisa, pero viendo
que era en vano todo intento, exclamó con fuerza: -“¡¿En fin, quieres decir
este “sí” o esperas que me case yo con ella?!”
¡Padre, ruegue por mis hijitos!
Una señora muy devota del Padre Pío nunca se iba a dormir sin haberle
encomendado antes a sus hijos. Todos las noches se arrodillaba frente a la
imagen del Padre y le decía: -“Padre Pío, ruegue por mis hijitos”. Después
de tres años de rezar todos los días la misma jaculatoria pudo ir a San
Giovanni Rotondo. Cuando vio al Padre le dijo: -“Padre, ruegue por mis
hijitos”. -“Lo sé, hija mía”, le dijo el Padre, -“¡hace tres años que me
vienes repitiendo lo mismo todos los días!”.
Primera
época de los estigmas
¡Y tú te burlas!
Una devota del Padre Pío se arrodillaba todos los días frente a la imagen
del padre y le pedía su bendición. Su marido, a pesar de ser también
devoto del padre, se moría de la risa y se burlaba de ella pues
consideraba que aquello era una exageración. Todas las noches se repetía
la misma escena entre los esposos. Una vez fueron los dos a visitar al
Padre Pío y el señor le dijo: -“Padre, mi esposa le pide su bendición todas
las noches”. -“Lo sé”, contestó el padre, -“¡y tú te burlas!”.
(Bilocación) Padre Pío
reza a San Pío X
Una vez el Cardenal Merry del Val contó al Papa Pío XII que había visto al
Padre Pío rezando en San Pedro frente a la tumba de San Pío X, el día de
la canonización de Santa Teresita, a pesar de que el Padre no había salido en ningún momento de su
convento. El Papa preguntó al Beato Don Orione
qué pensaba del asunto. Don Orione respondió: -“Yo también lo vi. Estaba
arrodillado rezando a San Pío X. Me miró sonriente y luego desapareció”.

(Bilocación)
Padre Pío en Uruguay
Monseñor Damiani, obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse
con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento.
Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los
últimos sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo
le dijo:
-“Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás
algunos años más para gloria de Dios y bien de las almas”. -“Bueno”,
contestó Monseñor Damiani, -“me iré pero si usted me promete que irá a
asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y
luego le dijo: -“Te lo prometo”.
Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su
diócesis.
En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata
sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los obispos
uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos
estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina pectoris. Hacia la medianoche
el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se
despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su
habitación que le dijo: -“Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se
está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y
escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron
muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en
el palacio espiscopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a
varias personas.
En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el
padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil
kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su
convento.
Hoy día hay en Termas del Daymán (Salto) una gruta que recuerda esta
bilocación y desde allí
el padre ha hecho varios milagros.
(Bilocación)
Nos hemos salvado por los pelos aquella
tarde ¿eh General?
El General Cardona, después de la derrota de Caporetto, cayó en un estado
de profunda depresión y decidió acabar con su vida. Una tarde se retiró a
su habitación exigiendo a su ordenanza que no dejara pasar a nadie. Se
dirigió a un cajón, extrajo una pistola y mientras se apuntaba la sien oyó
una voz que le decía: -“Vamos, General, ¿realmente quiere hacer esta
tontería?”. Aquella voz y la presencia de un fraile lo disuadieron de su
propósito, dejándolo petrificado. Pero ¿cómo había podido entrar ese
personaje en su habitación? Pidió explicaciones a su ordenanza y este le
contestó que no había visto pasar a nadie. Años más tarde, el General supo
por la prensa que un fraile que vivía en el Gargano hacía milagros. Se
dirigió a San Giovanni Rotondo de incógnito y ¡cuál no fue su sorpresa
cuando reconoció en el fraile al capuchino que había visto en su
habitación! -“Nos hemos salvado por los pelos aquella tarde ¿eh General?”,
le susurró el Padre Pío.
Material extraído de: “La voce del
Padre Pío” y “Padre Pío de Pietrelcina” de Yves Chiron

La presencia de
Jesús en el corazón
Confieso que para mí es una gran
desgracia no saber expresar y explicar este volcán eternamente encendido
que me quema y que Jesús hizo nacer en este corazón tan pequeño.
¡Bendigo a Dios, que
por su gracia, otorga santos sentimientos!
Todo lo podría resumir así: me siento
devorado por el amor a Dios y el amor por el prójimo. Dios está siempre
presente en mi mente, y lo llevo impreso en mi corazón. Nunca lo pierdo de
vista: me toca admirar su belleza, sus sonrisas y sus emociones, su
misericordia, su venganza o mas bien el rigor de su justicia
¿Cómo es posible ver a Dios,
entristecerse por el mal y no entristecerse también uno?
Si Jesús se manifiesta a vosotros,
dadle gracias; si se os oculta, dadle gracias. Todo esto es un juego de
amor para traernos dulcemente hacia el Padre. Perseverad hasta la muerte,
hasta la muerte con Cristo en la Cruz.

Amor
Las cosas humanas necesitan ser conocidas para ser amadas; las divinas
necesitan ser amadas para ser conocidas
No lo olvidéis: el eje de la
perfección es el amor. Quien está centrado en el amor, vive en Dios,
porque Dios es Amor.
El amor y el temor deben estar unidos:
el temor sin amor se vuelve cobardía; el amor sin temor, se transforma en
presunción. Entonces, uno pierde el rumbo.
La divina Solicitud no solo no rechaza
a las almas arrepentidas, sino que sale en busca de la mas empedernida.
Confianza en Dios
El corazón de nuestro divino Maestro
no conoce mas que la ley del amor, la dulzura y la humildad. Poned vuestra
confianza en la divina bondad de Dios, y estad seguros de que la Tierra y
el Cielo fallaran antes que la protección de vuestro Salvador.
Caminad sencillamente por la senda del
Señor, no os torturéis el espíritu. Debéis detestar vuestros pecados, pero
con una serena seguridad, no con una punzante inquietud.

María Santísima
Si no hubiera Fe, los hombres te
llamarían diosa. Tus ojos resplandecen más que el sol, eres hermosa,
Madre, me glorío. ¡Te quiero!
Oye, Madre, yo te quiero más que a
todas las criaturas de la tierra y del cielo... después de Jesús, es
claro... te quiero tanto.
Seamos inmensamente gratos a la
Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!
Permaneced como la Virgen, al pie de
la Cruz, y seréis consolados. Ni siquiera allí María se sentía abandonada.
Por el contrario, su Hijo la amó aun mas por sus sufrimientos.

Oración
Solo quiero ser un fraile que reza...
Reza, espera y no te preocupes. La
preocupación es inútil. Dios es misericordioso y escuchará tu oración...
La oración es la mejor arma que tenemos; es la llave al corazón de Dios.
Debes hablarle a Jesús, no solo con tus labios sino con tu corazón. En
realidad, en algunas ocasiones debes hablarle solo con el corazón...
El don de la oración está en manos del
Salvador. Cuanto más te vacíes de ti mismo, es decir, de tu amor propio y
de toda atadura carnal, entrando en la santa humildad, más lo comunicará
Dios a tu corazón.
A Dios se le busca en los libros, se
le encuentra en la meditación.
En la medida en que vaciéis vuestro Yo
de si mismo - es decir, del apego a los sentidos y a vuestra propia
voluntad - , echando raíces en la santa humildad, el Señor hablará a
vuestro corazón.
Practicad con perseverancia la
meditación a pequeños pasos, hasta que tengáis piernas fuertes, o mas bien
alas. Tal como el huevo puesto en la colmena se transforma, a su debido
tiempo, en una abeja, industriosa obrera de la miel.
Sed vigilantes cuando meditéis.
Generalmente los que se entregan a la meditación, lo hacen con una especie
de arrogancia, tan ansiosos están por encontrar el sujeto susceptible de
consolar su espíritu, y esto es suficiente para impedirles encontrar lo
que busca.

Liberarse de la
ansiedad
Si vuestro espíritu no se concentra,
vuestro corazón esta vacío de amor. Cuando se busca sea lo que sea con
avidez y prisa, puede uno tocar cientos de veces el objeto sin ni siquiera
darse cuenta. La ansiedad vana e inútil os fatigará espiritualmente, y
vuestro espíritu no podrá dominar su sujeto. Hay que liberarse de toda
ansiedad, porque ella es la peor enemiga de la devoción sincera y
autentica. Y esto principalmente cuando se ora. Recordad que la gracia y
el gusto de la oración no proviene de la Tierra sino del Cielo y que es en
vano utilizar una fuerza que solo podría perjudicaros.
Crítica
No tolero la crítica y la habladuría
sobre los hermanos. Es cierto que a veces me divierte aguijonearlos, pero
la murmuración me da náuseas. Tenemos tantos defectos que criticarnos a
nosotros mismos ¿por qué perder tiempo en lo de los hermanos?
Enemigos
Jamás pasó por mi mente la idea de una
venganza. Recé por los detractores y rezo por ellos. Quizá alguna vez le
dije al Señor: "Señor, si para convertirlos es necesario algún fustazo,
hazlo, con tal que se salven".

Humildad
Si necesitamos paciencia para tolerar
las miserias ajenas, más aún debemos soportarnos a nosotros mismos.
En tus diarias infidelidades,
humíllate, humíllate, humíllate siempre. Cuando el Señor te vea humillado
hasta el suelo, te tenderá su mano. Él mismo pensará en atraerte hacia Él.
Has construido mal; destruye y
reconstruye bien.
Como una señora admitiera que tenía
cierta inclinación a la vanidad, el Padre comentó:-"¿Ha observado usted
un campo de trigo en sazón? Unas espigas se mantienen erguidas, mientras
otras se inclinan hacia la tierra. Pongamos a pruebe a los mas altivos,
descubriremos que están vacíos, en tanto los que se inclinan, los
humildes, están cargados de granos".
Dios enriquece al hombre que ha hecho
el vacío en si mismo.
Paciencia
Guardad en lo mas hondo del espíritu
las palabras de Nuestro Señor: "A fuerza de paciencia, poseeréis vuestra
alma".
Prudencia
La prudencia tiene ojos. El amor
piernas. El amor, que tiene piernas, querría correr hacia Dios, pero su
impulso es ciego, y uno tropezaría, de no estar dirigido por los ojos de
la prudencia.

Pruebas y tentaciones
Ten por cierto que si a Dios un alma
le es grata, más la pondrá a prueba. Por tanto, ¡Coraje! y adelante
siempre.
Por muy altas que sean las olas, el
Señor es más alto. ¡ Espera!... la calma volverá.
Las pruebas a las que Dios os somete y
os someterá, todas son signos del amor Divino y Perlas para el Alma.
Uno puede ahogarse en alta mar, y
también puede sofocarse hasta el ahogo con un simple vaso de agua.- ¿Donde
esta la diferencia? - ¿Acaso no es la muerte, en cualquiera de esas
formas?
El demonio es como perro encadenado;
si uno se mantiene a distancia de él, no será mordido.
Jesús os guía hacia el cielo por
campos o por desiertos - ¿que importancia tiene? Acomodaos a las pruebas
que El quiera enviaros, como si debieran ser vuestras compañeras para toda
la vida; cuando menos lo esperéis, quizás queden resueltas.
Los grandes corazones ignoran los
agravios mezquinos.
En una estampa representando la cruz,
el Padre escribió estas palabras: "El madero no os aplastará; si alguna vez
vaciláis bajo su peso, su poder os volverá a enderezar".
Gólgota. Una cima cuya ascensión nos
reserva una visión beatifica de nuestro amado salvador.
Por los golpes reiterados de su
martillo, el Artista divino talla las piedras que servirán para construir
el Edificio Eterno.
Puede decirse con toda justicia que
cada alma destinada a la Gloria Eterna es una de esas piedras
indispensables. Cuando un constructor quiere levantar una casa, debe ante
todo limpiar y nivelar el terreno; el Padre celestial procede de igual
manera con el alma elegida que, desde toda la eternidad ha sido concebida
para el fin que El se propone; por eso tiene que emplear el martillo y el
cincel. Esos golpes de cincel son las sombras, los miedos, las
tentaciones, las penas, los temores espirituales y también las
enfermedades corporales. Dad pues, gracias al Padre celestial por todo lo
que impone a vuestra alma. Abandonaos a El totalmente. Os trata como trató
a Jesús en el Calvario.
Es mediante una sumisión completa y
ciega que os sentiréis guiado en medio de las sombras, las perplejidades y
las luchas de la vida. "El hombre obediente cantará victoria", nos dice la
escritura. Si Jesús se manifiesta a vosotros, dadle también las gracias;
si se oculta a vuestra vista, dadle también las gracias. Todo esto compone
el yugo del amor.
No escuchéis lo que os dice vuestra
imaginación. Por ejemplo: que la vida que lleváis es incapaz de guiaros al
bien. La gracia de Jesús vela y os hará obrar para ese bien.

Pobres
En todo pobre está Jesús agonizante;
en todo enfermo está Jesús sufriente; en todo enfermo pobre está Jesús dos
veces presente.
Sufrimiento
Casi todos vienen a mí para que les
alivie la Cruz; son muy pocos los que se me acercan para que les enseñe a
llevarla.
La vida del cristiano no es mas que un
perpetuo esfuerzo contra si mismo. El alma no florece sino merced al
dolor.
Apelad a Dios cuando vuestra cruz os
martiriza. Así imitareis a su hijo que, en Getsemani, imploro algún
alivio. Pero como El, estad dispuesto a decir: FÍAT
San Francisco de
Asís
¿Por que?
Lo importante es caminar con sencillez
ante el Señor. No pidas cuenta a Dios, ni le digas jamás: ¿Por qué ?,
Aunque te haga pasar por el desierto. Una sola cosa es necesaria:
Estar cerca de Jesús. Si nos cita en la noche no rehusemos las tinieblas.
Dirección Espiritual
Recuerde - dijo el padre a uno de sus
hijos espirituales - que la madre empieza a hacer caminar al niño
sosteniéndolo; pero luego, este debe caminar solo. También usted debe
aprender a razonar sin ayuda.
Caridad
La caridad es la reina de las
virtudes. Como el hilo entrelaza las perlas, así la caridad a las otras
virtudes; cuando se rompe el hilo caen las perlas. Por eso cuando falta la
caridad, las virtudes se pierden.
La caridad es la medida con la que el
Señor nos juzgará a todos
La humildad y la caridad van de la
mano. La primera glorifica, la otra santifica.
Los hijos espirituales
Amo a mis hijos espirituales tanto
como a mi alma y aun más.
Al final de los tiempos me pondré en
la puerta del paraíso y no entraré hasta que no haya entrado el último de
mis hijos.

La escalera al cielo
Sin Obediencia no hay Virtud;
sin Virtud no hay Bien.
sin Bien no hay Amor.
sin Amor no hay Dios.
Y sin Dios no hay Paraíso.
Esto forma como una escalera, si falta
un peldaño uno se cae.
El anhelo de la paz eterna es legitimo
y santo, pero debe ser moderado para una total resignación a los designios
del Altísimo: mas vale cumplir la Voluntad Divina en este mundo que gozar
en el Paraíso."Sufrir y no morir" era el leit-motiv de Santa Teresa. El
Purgatorio es un lugar de delicias, cuando se lo soporta por voluntaria
elección de amor.
La Noche Oscura
Nuestro Señor, en cuanto considera
nuestra alma lo bastante viril, lo bastante entregada a su servicio, se
apresura quitarle las dulzuras de antaño. Llega hasta quitarle la facultad
de orar, de meditar, es el abismo en las tinieblas y la aridez.
Esta mudanza aterra: -¿Que gran delito
habrá cometido el alma, para atraer sobre si tal desdicha?. Escudriña su
conciencia, pasa por tamiz sus mas insignificantes actos, y al no
descubrir nada que justifique su infortunio, saca en conclusión que ha
sido abandonada.
¡Que error! Lo que el alma toma por
abandono es un favor insigne. Es la transacción de lo inteligible a la
duración contemplativa, a la que uno no llega sino purificado. Si el
hombre pudiera comprender que su imposibilidad de fijar su imaginación en
un punto determinado se debe al retiro de la luz sobrenatural. Pero
pronto una nueva luz anima la meditación y la vuelve eficaz.
Ah, si el alma pudiera saber que
Dios, al apartarse, infunde al mismo tiempo una mas pura claridad en el
intelecto, la claridad que la hace mas apta a las cosas divinas, por
encima de lo discursivo, en la visión directa, y absolutamente exquisita,
delicada, inefable. Se me objetará si esa luz es a tal punto mejor, el
alma debería, con sus poderes multiplicados, captar su objeto. Pero no
vamos tan rápido.
Los que con gusto se alimentan con
comidas ordinarias, simularan disgusto cuando le ofrezcáis manjares mas
refinados. Igualmente, para apreciar el estado de oración, hay que haber
roto todo lazo. ¡Dios mío! En esta oscuridad veo una irradiación.
Una
Despedida Prodigiosa
Durante tres días, mas de cien mil personas desfilaron por la capilla
ardiente del Padre Pío de Pietrelcina. Pero el Padre tenía reservada una
última sorpresa a sus fieles, con la que quería despedirse de una forma
personal, espectacular e, incluso, humorística.
Acabados los funerales, la multitud se dirigió mecánicamente hacia la
explanada de la Iglesia, y fijó sus ojos en la ventana de la celda del
fallecido, desde la cual el Padre Pío salía a saludar a los peregrinos
agitando un pañuelo, cuando sus crisis de salud o las prohibiciones de sus
superiores le impedían el contacto con sus fieles.

Pronto se elevó un murmullo
de voces que gritaban que le estaban viendo allí, con su gesto familiar de
agitar el pañuelo.
Para cortar de raíz esa fantasía, los superiores taparon la ventana
con cortinas, pero... ¡Oh, prodigio!: en todas las ventanas de la fachada
apareció nítidamente el Padre Pío agitando alegre su pañuelo.

Habitación
(celda) del Padre Pío
Recordadlo, el amor de
Dios nunca se sacia.

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